MÉDICOS SIN FRONTERAS

MSF ha estado prestando asistencia sanitaria a los refugiados sursudaneses en Etiopía desde enero. Los equipos tratan a los refugiados a su llegada a los centros de tránsito y en el campo de Lietchuor. La organización ha instalado un hospital de 85 camas y un centro de salud en Lietchuor, así como un hospital de 75 camas en Itang. Antoine Foucher, Jefe de Misión de MSF en Etiopía, describe la urgencia de la situación de los refugiados.

Clínica móvil en el campo de Burubiey © Aloys Vimard / MSF

¿Todavía existe un flujo de refugiados sursudaneses hacia Etiopía?

Desde que estallara el conflicto en Sudán del Sur en diciembre, ha estado llegando a la región etíope de Gambella un promedio de 1.000 personas diarias. Sin embargo, ese promedio refleja sólo parcialmente la afluencia masiva de entre 10.000 y 15.000 personas diarias, como ocurrió tras batalla de Nasir en el estado de Jonglei, por poner un ejemplo. Hoy hay más de 130.000 refugiados sursudaneses en Etiopía. Según una estimación del ACNUR, dicho número podría alcanzar los 350.000 a final año.


¿Qué tipo de ayuda reciben los refugiados?

La gran mayoría son mujeres y niños, que están extremadamente débiles a su llegada tras días o semanas de viaje a pie o en barco. Pueden entrar en Etiopía por distintos puntos: Tiergol, Pagak o Burubiey. Los equipos de MSF prestan asistencia sanitaria en los campamentos de tránsito y tratan a los niños, alguno de los cuales muere en el transcurso de los primeros días tras su llegada a Etiopía.

En la actualidad, la población del campamento de Burubiey excede su capacidad. Allí se alojan unas 13.000 personas en condiciones sumamente precarias mientras esperan el traslado al campamento de Kule. No obstante, el traslado a uno los dos principales campos de refugiados de la región, con 45.000 personas alojadas en cada uno, no garantiza unas condiciones de vida saludables. A pesar de los esfuerzos estos campos, que a menudo se encuentran en zonas propensas a inundaciones, carecen de cobijo adecuado, de agua en cantidad suficiente (siete litros por persona y día en el centro de Burubiey) y de letrinas (una por cada 60 personas en Lietchuor y una por 288 personas en Kule 1). Estas condiciones se encuentran entre los principales vectores de morbilidad y mortalidad en los campamentos.

¿Nos encontramos ante una situación de emergencia?

Definitivamente. Los refugiados se encuentran en un estado de vulnerabilidad física extrema. Observamos el grado de desnutrición que presentaban cuando llegaron a Burubiey en abril. Casi uno de cada cuatro niños sufría de desnutrición y la tasa de desnutrición aguda severa era superior al 7%. Después de varias semanas en los campamentos, donde las condiciones de vida son muy precarias, no hay mejorías. Aunque las tasas de desnutrición disminuyeron, se mantuvieron por encima de los umbrales de emergencia.

La diarrea y la neumonía son las principales enfermedades asociadas a la desnutrición, como vemos en el hospital y en el centro de salud del campamento de Lietchuor donde trabajamos y en el hospital de Itang, a 10 kilómetros del campamento de Kule. Estas enfermedades están ligadas a las malas condiciones de vida. En consecuencia, las tasas de mortalidad siguen por encima de los umbrales de emergencia.

En mayo, las tasas de mortalidad oscilaron entre el 7 y el 18% en los dos centros de MSF en Lietchuor e Itang, donde los niños son hospitalizados y reciben tratamiento nutricional intensivo. Por supuesto, no tenemos una visión de conjunto de la mortalidad de toda la población refugiada, pero los indicadores de los que disponemos revelan tasas alarmantes. Con el comienzo de la temporada de lluvias empeorarán las condiciones sanitarias y aparecerán nuevas enfermedades, como la malaria.

¿Cuál ha sido la respuesta a esta situación de emergencia?

Esta situación de emergencia exige una movilización excepcional. Las autoridades nacionales, las Naciones Unidas y las ONG deben prestar a la región de Gambella la atención y la ayuda acordes a situación crítica. Se debe proveer de más recursos administrativos, financieros y políticos con el fin de poder desplegar la ayuda humanitaria rápidamente y a gran escala. A menos que estemos dispuestos a arriesgarnos a una catástrofe sanitaria, no podemos aceptar un despliegue que, aunque mejora día a día, nunca es suficiente para darle la vuelta a la situación epidemiológica.

Hay una epidemia de cólera en el estado sursudanés de Jonglei, en la frontera con la región de Gambella. ¿Cómo responderá MSF?

MSF ha propuesto una estrategia preventiva que incluye una campaña de vacunación contra el cólera y una campaña de vacunación antineumocócica pentavalente. Tenemos que actuar con rapidez para repartir las vacunas contra el cólera que pueden proteger al 60-80% de las personas potencialmente infectadas. La vacuna del cólera se toma por vía oral, administrada en dos dosis que pueden tomar tanto adultos como niños.

Esta estrategia preventiva también implica la colocación de suministros importantes para el tratamiento de la malaria y el cólera tan pronto como comience la epidemia. Se salvarán muchas vidas pero no sustituye a un despliegue asistencial importante con el fin de abastecer de agua, saneamiento y cobijo.

 

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