MÉDICOS SIN FRONTERAS

Margie es una comadrona que recientemente pasó siete semanas trabajando en un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el norte de Siria. El hospital incluye una sala de operaciones donde se atiende a pacientes con heridas de guerra y quemaduras graves, un departamento de emergencias y la unidad de maternidad, donde trabajaba Margie.

La comadrona Margie con un recién nacido en un hospital de MSF © MSF

¿Por qué estableció MSF una unidad de maternidad?

Organizamos la unidad de maternidad porque las mujeres no tenían acceso a atención médica adecuada en esta área. Para mujeres que afrontan complicaciones con el embarazo, es casi imposible obtener atención obstétrica en Siria. En la actualidad quedan algunas comadronas en la comunidad que brindan apoyo en partos comunes, pero si surgen complicaciones resulta problemático encontrar un profesional a quien derivar el caso.

Algunas instalaciones de salud han sido destruidas en el conflicto, mientras que las que permanecen en pie no funcionan de manera adecuada. Quedan algunos hospitales privados, pero están fuera del alcance de la mayoría de la población. En el pasado existía una red de comadronas que brindaban atención médica prenatal, pero ahora es evidente que la mayoría de las embarazadas no reciben cuidados prenatales en absoluto. El conflicto también ha reducido el acceso de las mujeres a alimentos apropiados y muchas de ellas han sido evacuadas. Todo esto genera un estrés que puede afectar el embarazo.

¿Qué clase de servicios ofrece la unidad de maternidad?

Brindamos servicios de entrega segura que incluyen atención obstétrica de emergencia, y derivamos a las pacientes que necesitan cesáreas al equipo quirúrgico. Muchas de las mujeres han tenido muchos hijos, a veces diez u once, y otras tantas han tenido partos anteriores por cesárea, lo que presenta una idea del estándar de atención médica disponible antes del conflicto. La unidad de maternidad también provee cuidados prenatales, incluido el tratamiento profiláctico durante el embarazo por anemia, por ejemplo, y cuidado posnatal inmediato y de seguimiento. Pero no sólo ofrecemos servicios de obstetricia: también ofrecemos servicios de ginecología, muy difíciles de obtener en Siria. El conflicto ha reducido las especialidades de atención médica disponibles y, como el contexto es islámico, si algunas mujeres no encuentran una proveedora de atención médica que sea mujer, no se atienden en absoluto.

Casi la mitad de las pacientes que atendimos provenían de pueblos de los alrededores. En general, las mujeres llegan a nosotros acompañadas por alguien que se atendió en nuestra unidad de maternidad antes, y muchas otras nos conocieron por comentarios de otras pacientes.

¿Trabajabas con personal sirio local?

Sí, trabajé con un equipo maravilloso de cuatro comadronas sirias. Todas las semanas atendíamos hasta 12 partos y realizábamos alrededor de 50 a 60 consultas. Mis colegas atendían los partos normales, pero si surgían complicaciones yo las asistía y trabajaba con ellas para dar la atención médica necesaria. Todas las integrantes del equipo tenían niveles variados de capacitación y experiencia, por lo cual también brindé capacitación y actualicé las capacidades de las comadronas sirias. Ellas agradecieron mucho la oportunidad de adquirir capacidades nuevas, porque otra de las consecuencias del conflicto fue que, para algunas de ellas, la formación se vio interrumpida. Debido a la escasez de personal cualificado, una de las comadronas que contratamos había completado su formación en enfermería, pero sólo había recibido una parte de su entrenamiento en maternidad. Era como una esponja que absorbía conocimiento: ponía en práctica todo lo que le enseñaba. Es inspirador ver esa clase de dedicación.

¿Recuerdas algún caso especialmente complicado?

Asistimos en numerosos partos normales, pero hubo algunos casos difíciles. Un ejemplo es una mujer que había tenido cuatro bebés sanos, pero que luego perdió un embarazo a término. Como muchas mujeres que atendimos, ella estaba evacuada a causa del conflicto y estaba viviendo con toda su familia en una habitación dentro de una escuela. Cuando llegó, estaba embarazada y sufría una preclampsia grave, lo que indica hipertensión. Era obvio que había sufrido ese trastorno durante algún tiempo, porque su bebé presentaba crecimiento deficiente. Como consecuencia, el niño falleció mientras intentábamos salvar la vida de la madre. Ella es un ejemplo de quienes no podían obtener la atención médica que necesitaban durante el embarazo y, para esa mujer, el resultado fue trágico. Como su vida estaba en riesgo, la vida de su bebé quedó en segundo lugar para ella, fue un dilema muy difícil de afrontar. Pero lo que se me grabó en la memoria fue su resistencia, cómo atravesó su duelo y como, aún así, se mostró muy agradecida por la atención médica y el apoyo recibido. Fue conmovedor.

Otra caso que me produjo un gran impacto fue el de una mujer que vino para recibir cuidados prenatales. Cuando le pregunté acerca de sus partos anteriores, mencionó que tenía siete hijos, pero que cuatro de ellos habían fallecido recientemente en un bombardeo en el pueblo más cercano. Sin embargo, pudimos ayudarla a dar a luz a un bebé sano. Verla con su bebé en brazos después de todo lo que había pasado y sufrido fue una experiencia muy gratificante.


MSF administra seis hospitales en el norte de Siria. Desde junio de 2012 hasta agosto de 2013, los equipos de MSF han realizado más de 66.900 consultas médicas, 3.400 procedimientos quirúrgicos y 1.420 partos. Los equipos de MSF también han realizado más de 200.240 consultas para refugiados sirios en países vecinos.

 

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