MÉDICOS SIN FRONTERAS

Zukia*, de 21 años, vive en la provincia afgana de Khost, que limita con las áreas tribales pakistaníes. Su marido murió de una explosión de bomba en Kabul cuando estaba embarazada de un mes, dejándola sola con sus dos hijos. Ahora está esperando su tercer hijo. “Tengo miedo de dar a luz en casa. Algunas mujeres en mi aldea dan a luz en casa, pero si no expulsan la placenta, corren el riesgo de morir.”

Entrada a la maternidad de Khost © Ben King / MSF

Las necesidades médicas en Khost, Afganistán, son enormes y la tasa de mortalidad materna es especialmente alta. La región en la que vive Zukia sólo cuenta con un número muy limitado de instalaciones médicas. Cerca de su casa, hay pequeñas clínicas particulares pero no tiene mucha confianza en ellas. Dio a luz a sus primeros dos hijos en una clínica particular, situada a unas horas de camino, donde tuvo que pagar entre 4.000 y 5.000 rupias pakistaníes por el parto. Para Zukia, ahora sin su marido, esto es una fortuna, así que esta vez va a ir a la maternidad de MSF en Khost, que dispensa atención gratuita a mujeres y a recién nacidos.

La ciudad de Khost ya tiene un hospital general público situado fuera de la ciudad, pero el acceso al mismo puede resultar difícil debido a la distancia y al coste del transporte. Además, las mujeres de comunidades más tradicionales prefieren no ir allí porque el personal quirúrgico es masculino. En marzo de 2012, MSF abrió un servicio en el centro de la ciudad con equipos sanitarios compuestos exclusivamente por mujeres.

Hoy, la provincia de Khost es una de las regiones más gravemente afectadas por el conflicto que ya dura más de diez años. Las carreteras que pacientes como Zukia tienen que tomar para llegar a una estructura de salud no son seguras. “Fui a la maternidad de MSF durante el día porque viajar de noche es demasiado peligroso,” explica. “En la zona donde vivo, hay combates. Escuchamos disparos todas las noches. Vivimos cerca de la frontera con Pakistán. La gente es tan pobre que no tiene otra elección más que viajar durante horas hasta llegar a un centro como éste donde conseguir comida y tratamiento gratuito en condiciones de seguridad.” Pero a veces la duración de viaje puede causar complicaciones potencialmente mortales para la madre y el niño.

MSF por lo tanto se centra en la atención a las mujeres embarazadas y sus hijos, y dispone de capacidad quirúrgica para los partos complicados. El objetivo es aumentar el nivel de la atención sanitaria dispensada en la provincia, sin duplicar los servicios existentes. El equipo ahora practica unos 1.000 partos al mes en el hospital de 56 camas de las cuales casi un 20 por ciento son partos complicados.

Hay una importante necesidad de asistencia médico-humanitaria de calidad en Afganistán. En provincias como Khost, directamente afectadas por el conflicto, la inseguridad reduce la capacidad de las organizaciones de realizar debidamente su trabajo.

La maternidad de Khost al principio tuvo problemas. En abril de 2012, apenas seis semanas después de abrir, MSF tuvo que suspender sus actividades después de una explosión dentro del recinto hospitalario. Siete personas resultaron heridas como resultado de esta explosión y el hospital cerró durante unos ocho meses. MSF reevaluó con calma la situación y reforzó su red de contactos para asegurarse un mayor apoyo de la comunidad y de todos los líderes políticos y religiosos de la zona.

Desde la reapertura de la maternidad de MSF en Khost el 29 de diciembre de 2012, los equipos han practicado más de 5.500 partos. Zukia ha empezado a ir de parto ahora. “Siento las contracciones. Empezaron hace cuatro días y cada vez son más difíciles de soportar. He pedido a la doctora y a las comadronas que me practicasen una cesárea porque cada vez me cuesta más soportar las contracciones. Tengo miedo de que haya complicaciones, pero la doctora me ha dicho que tendré un parto normal” dice. Unas horas más tarde, Zukia ha dado a luz a su bebé de forma segura.

*Nombre ficticio para proteger la privacidad de la paciente.