MÉDICOS SIN FRONTERAS

Miles de migrantes, la mayoría etíopes, atraviesan cada año Yemen en su camino hacia Arabia Saudí; muchos de ellos son víctimas de torturas y extorsiones

Centro de detención en Saná (Yemen). © Anna Surinyach/MSF

“Llegamos a Yemen a medianoche. Bajamos de la embarcación y como habíamos oído historias de traficantes, nos escondimos en una pequeña montaña. Al día siguiente, intentamos conseguir algo de comida. Nos encontramos con un señor mayor con su camello. Nos dijo que nos daría de comer pero nos vendió a los traficantes”. Jemale tiene 20 años y es etíope. Salió de su pueblo hace cuatro meses en busca de oportunidades en Arabia Saudí. “Llegamos a un recinto donde había ocho personas y todas estaban aterrorizadas. Nos dijeron que si no conseguíamos que alguien mandara dinero, nos harían daño. Intente explicar que era un hombre pobre. Vi como empezaban a quemar un metal en el fuego y lo usaron para quemarme en el pierna”.

Jemale se encuentra actualmente en el centro de detención para migrantes de Saná, la capital de Yemen. Él consiguió escapar de los traficantes; uno de sus amigos recibió un disparo en la pierna durante la fuga y Jemale ya no supo qué le pasó. Después, días de huida en las montañas, sin agua ni comida. Entonces, decidió emprender el viaje de vuelta; tardó 12 días en llegar a Saná, vivió durante un mes a las puertas de la oficina de migración en Yemen y finalmente pudo entrar en el centro. “Vivía con mis padres y mis 10 hermanos en Etiopía. Acabé la escuela y no tenía trabajo. Entre todos decidimos que hiciera este viaje. El dinero que yo tenía se acabó antes de llegar a Yemen así que les dije a los traficantes que no tenía madre para que no tuvieran que pagar por mi liberación”.

Su historia se repite en casi todos los rincones del centro. Yemen es un país de tránsito para los miles de migrantes que cada año salen del cuerno de África para intentar llegar a los países de la península Arábica. Proceden fundamentalmente de Etiopía y su destino suele ser Arabia Saudí. Durante el viaje y especialmente en Yemen, estas personas son víctimas de traficantes que les extorsionan y les torturan. El pasado mes de abril, las autoridades de Yemen lanzaron una campaña para liberar a cientos de migrantes que estaban en manos de traficantes y empezaron a repatriarlos a sus países de origen. Desde entonces, el número de migrantes que voluntariamente se acerca al centro para poder ser repatriado ha aumentado considerablemente.

En el centro de detención de Saná, las condiciones de vida son precarias. Con una capacidad para unas 250 personas, el centro acoge ahora mismo alrededor de 750. Los migrantes están encerrados en grandes celdas la mayor parte del día. Varias organizaciones, entre ellas la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y la Cruz Roja yemení, les proporcionan atención médica y comida. Médicos Sin Fronteras trabaja en el centro desde el mes de mayo, con un programa de atención en salud mental.

“Las personas que llegan al centro están muy traumatizadas; algunos de ellos no han comido en días o semanas”, explica Esperanza Leal, psicóloga de MSF en el centro de detención. “Nosotros creamos espacios donde pueden ser escuchados. Les explicamos que tienen reacciones normales a las experiencias traumáticas que han vivido. Hay muchos casos de estrés postraumático y depresiones severas. Una parte esencial de nuestra intervención está relacionada con recuperar su dignidad, explicándoles que son personas con derechos”.

La vuelta a casa

Como la gran mayoría de migrantes son etíopes, la Embajada de este país visita el centro de detención una vez a la semana para preparar los documentos necesarios para la vuelta. Según las autoridades yemeníes, desde el mes de abril se han repatriado a unos 4.000 migrantes a sus países de origen.

“Solo deportar a los migrantes que están en Yemen, nos llevaría mucho tiempo. Por ejemplo, cerca de la frontera con Arabia Saudí se calcula que hay casi 30.000 migrantes etíopes intentando cruzar la frontera, y hay más en otros emplazamientos”, explica Abdullah Al zurqah, director general de Migración y Deportación de Yemen. “Nuestro país necesita un gran apoyo en este tema porque prácticamente cada día llegan migrantes a las costas de Yemen”.

Awel trabajó como profesor, periodista, traductor y hombre de negocios en Etiopía. Cuando perdió el trabajo, decidió probar suerte en otro país, como varios de sus hermanos que viven en el extranjero. Su madre le dio un poco de dinero para el viaje pero se le acabó antes de salir de Etiopía, así que hizo la mayor parte del viaje a pie. De Etiopía, fue a Somalilandia y después a Yibuti. Pedía limosna o intentaba trabajar para continuar la ruta. “A aquellos que están pensando en salir de Etiopía o que ya han salido, les digo: esta es una carretera a la muerte”.

En Yemen, fue cruelmente torturado durante 17 días. El día de su cumpleaños decidió que o moría o escapaba de allí. Finalmente, lo consiguió. Una familia yemení le cuidó las heridas y le ayudó en parte del camino. Llegó a Saná y, después de 17 días malviviendo en las afueras del centro, pudo entrar. “Es muy difícil llegar a Arabia Saudí y si lo consigues, la policía o los soldados saudíes, te mandan de vuelta a Yemen así que estás en la misma situación. No hay necesidad. Les aconsejo a los que estén pensando en emigrar que mejor se quedan en casa que ser esclavos, esto es esclavitud. Realmente digo esto es esclavitud, esclavitud moderna”.

 

Deja un comentario

En periodismohumano queremos que los comentarios enriquezcan el debate o la noticia. Por eso hay unas normas de decoro a la hora de comentar. Comenta sobre contenido que acabas de leer y evita el abuso de mayúsculas. Si tu texto tiene varios enlaces, puede que tarde un rato en aparecer. Los comentarios son libres y abiertos pero eliminaremos toda referencia que consideremos insultante o irrespetuosa