MÉDICOS SIN FRONTERAS
Violencia extrema contra los civiles en Jonglei, Sudán del Sur.
26.01.2012 ·
La población civil es la víctima principal de los enfrentamientos intercomunales en el estado de Jonglei, en el este del país. El hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Pibor sigue recibiendo heridos tres semanas después del violento ataque que provocó la huida de miles de personas y la suspensión temporal de las actividades de la organización.
Muchas personas resultaron heridas en el monte, donde miles han permanecido por miedo a salir de su escondrijo. Los equipos de MSF están tratando graves heridas infectadas, algunas sufridas hace semanas. Desde que se reanudaron las actividades médicas de emergencia en Pibor el pasado 7 de enero, MSF ha atendido a 47 heridos de bala, de los cuales 16 eran mujeres y 8 eran niños. Otros 43 pacientes presentaban heridas de arma blanca, golpes o traumatismos producidos durante su huida.
A pesar de haber reanudado las actividades médicas en Pibor, parte del personal sursudanés de MSF que huyó de la ciudad durante el ataque sigue en paradero desconocido. De 156 personas en plantilla, 25 aún no han regresado, y el pasado 16 de enero supimos la triste noticia de la muerte de Allan Rumchar, guarda de las instalaciones de MSF, y su esposa.
Un ciclo de violencia
La violencia en Pibor no es un hecho aislado. Tras el ataque del 11 de enero a la aldea de Wek, en el norte del estado de Jonglei, MSF evacuó por vía aérea a 13 pacientes, la mayoría mujeres y niños que necesitaban cirugía de urgencia, desde su centro de salud en Yuai al hospital de la organización en Nasir, estado del Alto Nilo. Esto se produce después del ataque de agosto de 2011 a la ciudad de Pieri y sus alrededores, durante el cual multitud de personas resultaron muertas. En los últimos seis meses, 185 pacientes heridos de gravedad han acudido a los equipos de MSF en Lankien, Pieri y Yuai en busca de asistencia. “Estamos viendo un ciclo de ataques y represalias en esta zona del norte de Jonglei”, declara la coordinadora general de MSF, Jose Hulsenbek. “Para los civiles de esta parte de Sudán del Sur, el miedo a tener que salir huyendo o a ser asesinados es muy real”.
Una característica recurrente de los ataques en Jonglei es su violencia extrema. Una mujer atendida por herida de bala en Pibor explicó a MSF que había huido al monte con su esposo, sus hijos y 15 familiares más. Tras estar 11 horas corriendo, se toparon con un grupo de hombres armados que les dispararon. “Nos dispersamos. Me dispararon en el muslo y a mi bebé que cargaba en la espalda. Intenté esconderme en la maleza, pero dieron conmigo porque la pequeña lloraba. Golpearon a mi hija hasta que dejó de moverse y nos dejaron atrás dándonos por muertas”. Otro de sus hijos también fue atendido por MSF de una herida de bala en el pecho que sorprendentemente no le mató.
De Lekwongole, una aldea al norte de la ciudad de Pibor, donde MSF gestionaba una clínica, apenas queda nada. De la clínica solo quedó el suelo de cemento y las paredes, pero MSF reanudó las actividades el 18 de enero. Karel Janssens, coordinadora de terreno de MSF, dice: “La gente cuenta que durante el día se atreve a salir de su escondrijo en busca de comida o de atención médica, pero por la noche vuelve a esconderse en el bosque donde corre el peligro de contraer la malaria o infecciones respiratorias”. En Pibor, aproximadamente la mitad de las consultas desde el 7 de enero han sido debidas a la malaria, puesto que la gente tiene que dormir al raso expuesta a los mosquitos y a las inclemencias del tiempo.
Un patrón muy preocupante
Como organización médica y humanitaria, la actual situación de los civiles obligados a huir de los enfrentamientos o bien por miedo a un ataque es muy preocupante para MSF. Estas personas viven ocultas en el monte, con poco o ningún abrigo, acceso limitado a alimentos e incluso más posibilidades de caer enfermas. Cuando regresan a sus casas, a menudo se las encuentran reducidas a cenizas junto con todas sus pertenencias.
Los equipos de MSF están constatando sobre el terreno la existencia de un patrón en el que las personas y sus escasos recursos son convertidos deliberadamente en el blanco de los ataques de los grupos armados implicados en episodios de violencia intercomunal. Hospitales, clínicas de salud y fuentes de agua son también objetivo de los bandos enfrentados, lo que indica el uso de una táctica consistente en privar a las personas de sus necesidades más básicas cuando se encuentran desplazadas y ocultas en el bosque. Para Colette Gadenne, responsable de proyectos de MSF en Sudán del Sur, lo peor es que los civiles sean el blanco de los ataques: “Muchas mujeres y niños vienen a nosotros con golpes o heridas de bala o de arma blanca. Buscan seguridad escondiéndose en el bosque, pero por lo que parece, no basta con salir huyendo”.
En un informe publicado en diciembre de 2009, ‘Facing up to Reality: Health crisis deeepens as violence escalates in Southern Sudan’‘ MSF documentó la escalada de violencia intercomunal en los estados de Jonglei y del Alto Nilo, y su impacto cada vez mayor sobre la población civil. La organización atendió a 392 pacientes heridos en episodios violentos ese año y estimó que 86.000 personas se habían visto obligadas a desplazarse. La situación no ha mejorado. En los últimos seis meses, MSF ha tratado a más de 250 heridos en el estado de Jonglei, la mayoría de ellos, mujeres y niños.
19.01.2012 ·
Bangui/ Barcelona, 19 de enero.- La República Centroafricana (RCA) sufre una crisis crónica de salud desde hace años. En los últimos 18 meses, Médicos Sin Fronteras ha llevado a cabo cuatro estudios que muestran que hay regiones del país donde la tasa de mortalidad bruta[*] triplica los niveles de emergencia: una situación de crisis humanitaria a la que nadie parece prestar atención, ya que en las zonas con mayores niveles de mortalidad no hay conflicto ni un gran número de desplazados.
En un nuevo informe, República Centroafricana: una crisis silenciosa, MSF concluye que la asistencia médica existente no es suficiente para responder a las enormes necesidades médicas existentes, y pide una mayor presencia de organizaciones que lleven a cabo intervenciones médicas de gran envergadura para conseguir llegar a más personas.
La esperanza de vida en RCA es de solo 48 años –la segunda más baja del mundo– y es el quinto país con mayor tasa de mortalidad por enfermedades infecciosas y parasitarias. Esta alta mortalidad se debe a epidemias estacionales así como a la desaceleración económica del país, a años de conflicto y desplazamiento, y a un sistema sanitario pobre.
“Un sistema de salud destrozado por años de inestabilidad política y militar, serios problemas de organización y la falta de seguridad en las regiones del norte y el este del país son algunos de los factores que han tenido un efecto catastrófico en la salud de la población y explican, en gran parte, que se haya llegado a los altos niveles de mortalidad actuales”, explica Olivier Aubry, coordinador general de MSF en la República Centroafricana. “Por ejemplo, en julio pasado, la mortalidad de los menores de 5 años en la región de Carnot fue tres veces más alta que en el campo de refugiados de Dadaab, en Kenia, adonde llegaban personas que huían de Somalia en condiciones muy duras. En Carnot, la crisis fue ignorada por la comunidad internacional”.
Según el informe de MSF, el compromiso del Gobierno centroafricano y de la comunidad internacional va en la dirección equivocada. El Gobierno ha estado reduciendo su inversión en salud, al igual que los donantes internacionales, mientras la asistencia humanitaria ha fallado en su empeño por reducir la expansión de la crisis médica. Pese a las grandes necesidades, tanto el Gobierno como los donantes se están desvinculando de los servicios de salud en el país.
MSF pide a todos los actores, incluyendo al gobierno y la comunidad internacional, que amplíe la asistencia a la población de RCA. Si los modelos de asistencia antiguos no han funcionado, deben encontrarse nuevas fórmulas.
[*] La “tasa de mortalidad bruta” se usa para definir una crisis humanitaria. El umbral de emergencia es de 1 muerte por cada 10.000 personas al día (Organización Mundial de la Salud).
12.01.2012 ·
Puerto Príncipe, 12 de enero de 2012.- El 12 de enero de 2010 quedará para siempre en la memoria colectiva de los haitianos. Prácticamente todo el mundo perdió a algún familiar, amigo o vecino en el terremoto que sacudió el país aquel día, y muchos de los supervivientes siguen sufriendo secuelas físicas o psicológicas. Las cicatrices también están presentes en las calles, donde los escombros se amontonan junto a los socavones aún abiertos.
Médicos Sin Fronteras (MSF) ya trabajaba en Haití antes del terremoto, y perdió a doce de sus trabajadores aquel día. Dos de sus hospitales en Puerto Príncipe –el centro de urgencias La Trinité y la clínica gineco-obstétrica Solidarité– resultaron destruidos. En estos dos años, la organización médico-humanitaria ha respaldado al Ministerio haitiano de Salud en el arrabal chabolista de Cité Soleil, y ha construido cuatro hospitales de urgencias en la zona afectada por el terremoto, donde la población total se estima en unos 2 millones de personas.
El pasado abril, MSF abrió un centro de referencia para urgencias obstétricas, con 130 camas de hospitalización, en el barrio de Delmas 33 de la capital. Este hospital atiende a mujeres embarazadas con complicaciones que puedan suponer una amenaza para sus vidas o las de sus bebés. Desde que comenzó a operar, este centro ha realizado 1.432 operaciones y asistido el nacimiento de 4.600 niños.
Uno de los recién nacidos es Esther; su madre, Belgarde, recuerda que perdió a sus tres primeros hijos justo después del parto. “El último fue prematuro, como los demás, pero gracias a la atención que hemos recibido, tengo la esperanza de llevármela a casa pronto”, explica.
MSF abrió el hospital Drouillard en la zona norte de la capital el 9 de mayo de 2011, con una capacidad de 208 camas. Este centro ha reemplazado al hospital de campaña que fue instalado en tiendas hinchables justo después del terremoto en el campo de deportes de la escuela de Saint-Louis de Gonzague. El equipo médico de Drouillard atiende emergencias médicas y quirúrgicas y quemados graves, al tiempo que también ofrece fisioterapia y atención psicológica. Cada día, se atiende a unos 55 nuevos pacientes de media y se procede a 20 intervenciones quirúrgicas.
“Estos casos que vemos hoy ya no pueden atribuirse al terremoto; tienen que ver sobre todo con accidentes de tráfico o en el hogar, así como con la violencia”, explica el director médico del hospital, Félix Konan-Kouassi. “Por otro lado, desde el terremoto, también hemos observado una mayor vulnerabilidad psicológica en los pacientes, a quienes resulta más difícil soportar traumas adicionales, como puedan ser una agresión o un accidente”.
El hospital de Chatuley, en Léogâne (ciudad situada al oeste de la capital, cerca del epicentro, que fue destruida en un 80%), está instalado dentro de contenedores. Cuenta con un total de 160 camas de hospitalización. Aunque fue planeado como un centro temporal, a estas alturas sigue siendo el único hospital de la región; en él se atienden urgencias y se proporciona atención gineco-obstétrica y pediátrica. En 2011, fueron atendidos 73.741 pacientes, se realizaron 3.755 operaciones y se asistieron 4.501 partos.
Por último, en la zona industrial de Tabarre, en el este de Puerto Príncipe, MSF está rematando la construcción del centro Nap Kenbe (“esperanza” en criollo), que abrirá en febrero de 2012. Será una estructura gratuita adicional para los haitianos del área metropolitana. Compuesto por 268 unidades modulares y 108 camas, proporcionará servicios de trauma y cirugía abdominal.
MSF también sigue trabajando en el centro de referencias y urgencias de Martissant, que abrió a finales de 2006 y trata una media de 4.370 pacientes cada mes.
“Muchas de las infraestructura de salud de la capital desaparecieron el 12 de enero de 2010, y ya antes de esa fecha el sistema de salud era limitado, ni siquiera era plenamente operativo”, apunta Gérard Bedock, jefe de misión de MSF en Haití. “El terremoto puso de manifiesto las deficiencias del sistema de salud de Haití y además las exacerbó. Llevará mucho tiempo reconstruirlo. Mientras tanto, estamos trabajando para cubrir los vacíos en atención médica en la medida de lo posible, al tiempo que respondemos a potenciales nuevas emergencias, como el cólera”.
Durante la grave epidemia de cólera que afectó al país a finales de octubre de 2010, se registraron más de 500.000 casos. “Cientos de miles de personas siguen viviendo en terribles condiciones en campamentos improvisados”, recuerda Wendy Lai, coordinadora médica de MSF. “El acceso a agua potable y a saneamiento es muy limitado en todo el país, especialmente en zonas rurales y remotas. Esta situación fomenta la propagación de enfermedades infecciosas. Aunque el número de nuevos casos de cólera ha disminuido considerablemente, seguimos registrando varios cientos cada semana y el riesgo de resurgimiento estacional de la epidemia sigue siendo muy elevado. Debemos extremar la vigilancia”.
09.01.2012 ·
Juba/Bruselas, 9 de enero de 2012.- La última ola de violencia intercomunitaria ha forzado a miles de familias a huir de sus casas para tratar de esconderse en el campo, en el estado de Jonglei (Sudán del Sur). Dos centros de salud de Médicos Sin Fronteras (MSF) han sido también blanco de los ataques, por lo que la organización se ha visto obligada a suspender temporalmente sus tan necesarias actividades médicas en la región de Pibor.
“Durante la última semana, miles de personas han tenido que huir de Lekongole y Pibor, y se encuentran actualmente en el campo, a la intemperie y asustados”, explica Parthesarathy Rajendran, jefe de misión de MSF en Sudán del Sur. “Tuvieron que huir precipitadamente, así que no cuentan con agua ni alimentos, sin duda algunos están heridos, y en estos momentos están solos, escondidos, sin que podamos hacerles llegar asistencia humanitaria.”
El poblado de Lekongole ha sido completamente arrasado, mientras que un equipo de MSF que evaluaba la situación en Pibor el pasado 28 de diciembre se encontró con un pueblo fantasma, del cual prácticamente todos los habitantes habían huido. Mientras los desplazados permanezcan escondidos en la zona de matorral, MSF no puede acceder a ellos para curar heridas, tratar enfermedades o proporcionar atención médica primaria. Cuanto más tiempo estén ocultos, más crítica se volverá la situación para los heridos o enfermos.
Durante el brote de violencia, dos centros de atención médica de MSF sufrieron daños y fueron saqueados: la clínica de Lekongole, el 27 de diciembre, y el pequeño hospital de Pibor, el día 31. En principio, la tercera clínica de MSF en la zona, situada en el poblado de Gumruk, no se ha visto afectada. Estos tres centros proporcionan la única atención médica disponible para los 160.000 habitantes de la región de Pibor, y aparte de ellas, el siguiente centro médico más cercano se encuentra a más de 100 kilómetros de distancia.
MSF expresa su más dura condena contra el ataque deliberado de centros de salud que prestan una asistencia neutral e imparcial. La organización lleva tres décadas proporcionando servicios médicos en Sudán del Sur, y lo ha hecho desde la neutralidad, trabajando en muchas comunidades del país y atendiendo a todas aquellas personas que requirieran cuidados médicos, independientemente de su etnia, religión o afiliación política. Ya en agosto de 2011, el centro de salud de MSF en Pieri (también en el estado de Jonglei pero más al norte) fue saqueado e incendiado; tras aquel ataque, MSF atendió a 157 heridos, en su mayoría mujeres y niños.
El pasado 23 de diciembre, poco antes de la última ola de violencia, diez miembros del equipo internacional de MSF fueron trasladados a Juba y la organización recomendó a sus 156 trabajadores locales que abandonaran la zona. A pesar de que MSF ha logrado contactar con algunos de ellos, muchos no han podido ser localizados debido a que han partido en compañía de sus familiares y vecinos. Se desconoce su paradero y MSF está profundamente preocupada por su seguridad. MSF está dispuesta a regresar y reanudar sus actividades para brindar atención médica de emergencia de inmediato.
“En este momento existen varias situaciones de crisis evolucionando en distintas partes de Sudán del Sur”, apunta Rajendran. “Nuestro personal médico también está respondiendo a la crisis de los refugiados que huyen del conflicto en el vecino Sudán. Son síntomas que nos recuerdan que, a pesar de la independencia, Sudán del Sur es escenario de emergencias agudas, y que por tanto proporcionar una respuesta humanitaria de emergencia sigue siendo una prioridad absoluta”.
05.10.2011 ·
La escasez de benznidazol, medicamento de primera línea para tratar la enfermedad de Chagas, obliga a MSF a suspender el diagnóstico de nuevos casos en su proyecto de Paraguay ante la imposibilidad de tratarlos. En Bolivia se suspenden nuevos proyectos en focos endémicos.
Miles de personas se quedarán sin tratamiento de la enfermedad de Chagas en los próximos meses debido a la escasez de benznidazol, el medicamento usado como primera línea en la mayoría de países endémicos. Cuando varios países querían revertir activamente el olvido que han sufrido los enfermos de Chagas durante años, amenaza con agotarse el suministro del tratamiento. Ante esta grave situación, la organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) pide al Ministerio de Salud de Brasil, responsable del único laboratorio que produce benznidazol en el mundo, que mantenga su compromiso con los enfermos de Chagas y ponga en marcha acciones inmediatas para asegurar la disponibilidad del medicamento.
En la actualidad los programas de Chagas dependen exclusivamente de un solo laboratorio farmacéutico que produce los comprimidos de benznidazol, el laboratorio público brasileño Lafepe (Laboratorio Farmaceutico do Estado de Pernambuco). La responsabilidad de fabricar el principio activo usado por este laboratorio fue recientemente transferida a una única compañía privada, Nortec Química. A día de hoy no hay suficiente principio activo para producir las píldoras que se necesitan, y Nortec todavía tiene que validar su producción. Además, Lafepe ha incumplido su compromiso de comunicar y cumplir un cronograma de fabricación que asegurara la disponibilidad del medicamento.
Un futuro incierto hasta mediados de 2012
Como consecuencia, varios programas nacionales de Chagas en Latinoamérica ya tienen dificultades para satisfacer la demanda de nuevos tratamientos y se espera que en los próximos meses se agoten todas las reservas. El Ministerio de Salud brasileño no ha proporcionado ninguna información sobre la situación, y tampoco la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han puesto en marcha un plan de contingencia para reservar stocks del medicamento para los casos de Chagas agudo. Actualmente se desconoce cuándo estará disponible el benznidazol, pero según varias estimaciones no será antes de mediados de 2012.
“Es una situación inadmisible. En nuestro proyecto en Boquerón, una de las zonas con mayor prevalencia de Chagas en Paraguay, nos hemos visto obligados a suspender el diagnóstico de enfermos porque ya no tenemos medicamentos para tratarlos”, afirma el Dr. Henry Rodríguez, coordinador general de los proyectos de MSF en Bolivia y Paraguay. “Durante décadas, la enfermedad de Chagas ha sido una enfermedad totalmente olvidada y, ahora que por fin se estaba priorizando el diagnóstico y tratamiento de enfermos, nos quedamos sin medicamento. No podemos permitir que esta situación se alargue, debemos encontrar una solución urgente para nuestros pacientes”.
Brasil debe cumplir su compromiso con los pacientes
En los últimos años ha aumentado significativamente la demanda de tratamiento porque ahora se trata tanto a niños como a adultos. Además, la OMS y la OPS han promovido activamente la integración del diagnóstico y tratamiento en la atención primaria de salud. Todos estos avances se ven ahora amenazados por la falta de benznidazol. “Sabemos que el tratamiento actual es más efectivo y presenta menos complicaciones cuanto antes tratemos al paciente. Sin embargo, ahora nos vemos obligados a retrasar su administración”, explica el Dr. José Antonio Bastos, presidente de Médicos Sin Fronteras España.
Ante esta crítica situación, MSF ha pedido al Ministerio de Salud de Brasil que se comprometa a acelerar el proceso actual de producción de benznidazol, agilizando su validación con el principio activo fabricado por Nortec. Dado que el proceso de producción, distribución y comercialización durará meses, Brasil debe encabezar un plan de contingencia a nivel regional –con el apoyo de la OPS–, para el uso racional de los stocks de benznidazol entre los grupos más vulnerables de los países endémicos. MSF también apela a los ministerios de Salud de los países endémicos para que pidan la implementación urgente de este plan de contingencia, mientras se buscan soluciones definitivas a largo plazo.
“El Gobierno brasileño ha sido pionero en la producción de medicamentos genéricos, demostrando su compromiso con la gente que necesita acceso a tratamiento. Ahora tiene que actuar con celeridad para cumplir su compromiso con los enfermos de Chagas de todo el mundo”, concluye el Dr. Bastos.
Sobre la enfermedad de Chagas
El Chagas o tripanosomiasis americana es una enfermedad infecciosa provocada por el parásito Trypanosoma cruzi. Endémica en varios países latinoamericanos, la enfermedad provoca 12.500 muertes cada año y se estima que entre 8 y 10 millones de personas la padecen. Además, como resultado del aumento de los desplazamientos a nivel global, cada vez se están reportando más casos en Estados Unidos, Europa, Australia y Japón.
En la mayoría de países latinoamericanos, la principal vía de transmisión es a través de la vinchuca o chinche (insecto infectado por el parásito), aunque también se puede transmitir de madre a hijo, por transfusiones de sangre, transplante de órganos, alimentos contaminados y accidentes de laboratorio. En general la infección no presenta síntomas, por lo que la mayoría de los enfermos desconocen que están infectados. Sin embargo, con la evolución de la enfermedad, aproximadamente un 30% de los afectados desarrollará lesiones cardíacas y un 10% gastrointestinales irreversibles que pueden ser fatales.
Hasta hace algunos años se pensaba que el tratamiento solo era efectivo en la fase aguda (hasta tres meses después de la infección) y en estadios muy tempranos de la fase crónica. No obstante, los resultados de estudios recientes demuestran que el tratamiento también puede ser efectivo en la fase crónica. Asimismo, en los últimos años se ha probado que los efectos secundarios de la medicación, más comunes en adultos, son manejables y que, bajo supervisión, el tratamiento es factible incluso a nivel de atención primaria de salud.
05.10.2011 ·
Los equipos de MSF en Somalia se enfrentan a un reto añadido a la ya complicada situación médica y humanitaria de la población. El sarampión agrava el estado de miles de niños desnutridos, y afecta a jóvenes y adultos por falta de inmunización. El bloqueo de las partes en conflicto obstaculiza la puesta en marcha de campañas masivas de vacunación.
Sarampión. Comienza con fiebre, mucosidad nasal y tos. Luego aparece una erupción cutánea. Para niños sin vacunar, puede resultar desastroso. En Somalia, hoy el sarampión es uno de las mayores amenazas para la supervivencia de miles de niños hacinados en campos de desplazados, donde la desnutrición es elevada y las tasas de vacunación bajas.
En Somalia Médicos Sin Fronteras (MSF) opera 13 programas médico-nutricionales. Alrededor de 5.500 niños desnutridos están recibiendo alimentación terapéutica, de los cuales más de 500 están ingresados en ocho centros de nutrición terapéutica intensiva (CNTI). A la desnutrición severa que padecen se suman complicaciones médicas que requieren su ingreso para ser tratados. “El sarampión es una enfermedad infecciosa que se transmite por vía aérea. Las condiciones en los campos atestados son idóneas para la eclosión de epidemias. Los niños desnutridos menores de 5 años son los más vulnerables. Están atrapados en un círculo vicioso en el que la combinación de desnutrición y sarampión debilita todavía más sus defensas y los pone al límite con complicaciones derivadas como neumonía o diarrea. La prioridad en estas emergencias es vacunar de sarampión y tratar inmediatamente todos los casos identificados”, explica Susan Shepherd, nutricionista de MSF.
Aumenta el número de afectados
Los proyectos de MSF en Somalia han detectado un constante incremento de casos de sarampión. Desde enero hasta la fecha se han registrado 3.049. Incluso antes del inicio de la crisis nutricional actual había ya una marcada tendencia al alza de casos. Entre mayo y septiembre se registraron 2.132, lo que supone que en solo cuatro meses se registró el 70% de los casos de sarampión de un año normal.
En el distrito de Hodan, donde MSF ha instalado uno de los tres CNTI que gestiona en Mogadiscio, más del 50% de los niños severamente desnutridos padece también sarampión. Estos niños son aislados del resto para prevenir el contagio.
Los equipos de MSF en el sur del país también han visto brotes de sarampión en Marere, donde trabaja para contener la infección, mientras que el resto de programas en la capital tratan a los afectados a través de sus programas nutricionales terapéuticos y sus servicios ambulatorios. Los equipos de prevención comunitaria de MSF trasladan de inmediato a los pacientes con síntomas de sarampión. La rapidez es vital para iniciar el tratamiento cuanto antes y prevenir la aparición de complicaciones como infecciones respiratorias.
El legado de dos décadas de conflicto interno, la ausencia de desarrollo y el consecuente colapso del sistema de salud en Somalia han supuesto que los niveles de vacunación entre la población sean extremadamente bajos (un 30% según la Organización Mundial de la Salud). Esto explica el preocupante hecho de que MSF también esté tratando a adolescentes y adultos con sarampión en sus programas.
Objetivo: detener la enfermedad
MSF ha vacunado a más de 50.000 niños contra el sarampión aprovechando actividades de promoción de salud comunitaria y campañas de vacunación a pequeña escala. La posibilidad de llevar a cabo campañas masivas de inmunización, que serían la primera opción para evitar brotes epidémicos, es extremadamente complicada en Somalia por la falta de seguridad a la que se enfrentan los equipos médicos. Una vacunación masiva requiere diferentes equipos integrados por al menos 10 personas previamente formadas, equipadas y movilizadas. Todo ello supone un enorme esfuerzo logístico que incluye el imprescindible mantenimiento de la cadena de frío.
Llevar a cabo esto en Somalia hoy en día es extremadamente complicado. Hay que entablar interminables negociaciones con líderes locales, autoridades y grupos armados que controlan regiones enteras del sur y el centro del país, y tratan de imponer sus propias condiciones en aspectos que afectan a la logística, la contratación de personal o hasta al alquiler de vehículos. Todo ello, unido a la violencia del conflicto en el país, convierte a Somalia en uno de los lugares del mundo más complicados para que la asistencia médico-humanitaria llegue a la población local.
MSF trabaja ininterrumpidamente en Somalia desde 1991. En la actualidad presta atención primaria de salud en ocho regiones, con un equipo que alcanza los 1.400 trabajadores somalíes. Apoyados desde Nairobi (Kenia), los programas de MSF en Somalia, facilitan el acceso a servicios de atención primaria, cirugía, tratamiento nutricional, así como apoyo a la población desplazada mediante servicios sanitarios y provisión de agua y saneamiento en nueve proyectos en el sur y el centro de Somalia. MSF también opera en campos de refugiados somalíes en Kenia y Etiopía.
29.09.2011 ·
Cientos de migrantes provenientes del norte de África que permanecían detenidos desde hace seis días en dos barcos atracados en los puertos de Palermo y Porto Empedocle, en Sicilia, han sido repatriados.
Francesca Zuccaro, responsable de proyectos de migración de MSF en Italia, cuenta que los dos barcos han sido vaciados y que en estos momentos están repatriando a los migrantes del barco que estaba en Porto Empedocle.
Todas estas personas han estado durante seis días en estos barcos sin que ninguna organización humanitaria independiente haya tenido acceso a ellos. A esta situación hay que sumarle que ya habían estado previamente detenidas durante días o incluso semanas en Lampedusa, donde los equipos de MSF están teniendo también muchas dificultades para acceder.
Debido al acuerdo firmado entre Túnez e Italia, las personas provenientes de Túnez son considerados como inmigrantes ilegales. Es extremadamente difícil para ellos pedir el derecho de asilo en los centros de tránsito. La mayoría son repatriados a Túnez sin obtener ningún tipo de información legal. Aquellos a los que se les da la oportunidad de hacer la solicitud son transferidos a centros de detención (CIE) donde pueden estar hasta 18 meses. Sin embargo, las personas provenientes de Libia son enviadas directamente a centros abiertos para solicitantes de asilo. Por ello, desde MSF apelamos a una mayor transparencia en la futura gestión de la acogida de migrantes y refugiados procedentes de Libia y Túnez.
29.09.2011 ·
Cientos de migrantes provenientes del norte de África permanecen detenidos desde hace seis días en dos barcos atracados en los puertos de Palermo y Porto Empedocle, en Sicilia. Médicos Sin Fronteras (MSF) expresa su preocupación por su situación y pide a las autoridades de Palermo y Agrigento que permitan a los equipos de la organización acceder a los barcos para verificar las condiciones de salud de los migrantes.
“Estas personas estaban recluidas desde hace días, algunas incluso semanas, en una zona del centro de acogida de Lampedusa a la que a menudo se había denegado el acceso a los equipos de MSF”, explica Francesca Zuccaro, responsable de proyectos de migración de MSF en Italia. “Es inconcebible que estos migrantes sigan siendo llevados de aquí para allá, a lugares cada vez más aislados, sin que las organizaciones humanitarias tengan la posibilidad de comprobar sus condiciones de salud”.
Estos días MSF también ha solicitado a las autoridades visitar el centro provisional de acogida de Pozzallo, donde se encuentran al menos 50 migrantes transferidos desde Lampedusa. “La prefectura de Ragusa nos ha denegado el acceso alegando motivos de seguridad, a pesar de que anteriormente hemos visitado ese mismo centro sin ningún problema”, declara Zuccaro.
Según han podido constatar los equipos de MSF en anteriores visitas, las condiciones en Pozzallo son inadecuadas e insuficientes para que los migrantes permanezcan allí más de 48 horas. “El médico del centro solo pasa consulta durante dos horas al día y faltan servicios de apoyo psicosocial, de mediación lingüística y de orientación legal para migrantes y solicitantes de asilo”, añade Francesca Zuccaro.
Apelando a una mayor transparencia en la futura gestión de la acogida de migrantes y refugiados procedentes de Libia y Túnez, MSF pide libre acceso a los barcos y a todos los lugares donde estas personas se encuentran detenidas para poder valorar su estado de salud.
26.08.2011 ·
La organización médico-humanitaria sigue evaluando las necesidades de los hospitales en la capital libia, al tiempo que facilita suministros y apoyo médico a varias estructuras de salud en el resto del país. Más personal médico y materiales de refuerzo están de camino a Trípoli.

Misrata, Libia, julio 2011 © Eddy McCall / MSF
Un equipo de MSF ha evaluado tres instalaciones sanitarias de Trípoli, todas ellas con escasez de insumos y equipamiento médicos. MSF les proporcionó materiales de curas para los heridos, así como antibióticos, anestésicos y calmantes. Algunas estructuras de salud también solicitaron equipamiento quirúrgico, como fijadores externos y oxígeno, que la organización suministrará en los próximos días.
Desde el inicio de los combates en la capital, los hospitales están registrando un aumento de casos de traumatismos graves. El primer día una clínica atendió a 100 heridos a causa de la violencia y en las últimas jornadas se han tratado 90 casos de fracturas abiertas en el mismo centro.
Las instalaciones sanitarias no cuentan con la infraestructura y los sistemas para cubrir una emergencia de esta magnitud, especialmente en lo referente al triaje de casos urgentes y al número de camas disponibles en las unidades de cuidados intensivos y postoperatorios. MSF se dispone a ampliar su apoyo a hospitales y clínicas enviando personal médico adicional.
En los próximos días, si las condiciones de seguridad lo permiten, el equipo de MSF intentará acceder a más estructuras sanitarias de la ciudad. En estos momentos hay tres miembros de la organización en Trípoli, a los que en breve se sumarán equipos médicos provenientes de Túnez y de otras zonas de Libia.
Apoyo a hospitales en Zawiya y Zlitan
MSF ha enviado además equipos médicos a Zlitan, al este de Trípoli, y a Al Zawiyah, en el oeste, para asistir a centros sanitarios que están recibiendo una gran afluencia de heridos. En Zawiya, un equipo médico y quirúrgico da apoyo a los servicios de cirugía, cuidados intensivos y reanimación del hospital de la ciudad. El lunes 22 de agosto ingresaron 60 personas heridas y el miércoles 24, otros 40 pacientes fueron admitidos. Los heridos llegan ahora desde Trípoli y desde zonas aledañas a la carretera de la capital a Zawiya.
En Zlitan, MSF ha donado equipamiento quirúrgico, medicamentos e insumos médicos. En los próximos días, un equipo formado por un enfermero, un anestesista y un ginecólogo de MSF se unirá al personal médico libio en el hospital de la ciudad.
Otras actividades de MSF en Libia
MSF trabaja en el hospital de Yefren desde el 15 de junio, al que aporta personal, materiales médicos y equipamiento en refuerzo de los servicios de urgencias, cirugía y cuidados postoperatorios. Entre julio y agosto se duplicó el número de heridos, pero la situación en Yefren y sus alrededores es ahora más tranquila. En centros de salud de Zintan, MSF da soporte psicológico a personas afectadas por la violencia.
Algunos heridos han sido transferidos desde Trípoli a hospitales en Misrata. En el hospital de Qasr Ahmed, donde MSF presta apoyo quirúrgico desde abril, seis personas fueron ingresadas el pasado 24 de agosto. El equipo también ofrece atención de salud mental y fisioterapia a pacientes postoperatorios. En otros centros de salud de Misrata, MSF da apoyo en ginecología y obstetricia, y lleva a cabo un proyecto de atención médica básica y salud mental en prisiones.
En Bengasi, MSF ofrece apoyo psicológico a desplazados internos que viven en campos de las afueras de la ciudad. También se ha organizado un sistema de referencia de pacientes que requieren cirugía reconstructiva al programa de MSF en Ammán, la capital de Jordania, especializado en este tipo de intervenciones. Cuatro personas que habían sido heridas en enfrentamientos previos partieron de Bengasi rumbo a Ammán el miércoles 24 de agosto.
Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que trabaja en Libia desde el 25 de febrero de 2011. Para asegurar la independencia de sus acciones, MSF depende únicamente de donaciones privadas para financiar sus actividades en el país y no acepta fondos de ningún gobierno, donante institucional o grupo con ninguna filiación política o militar. Actualmente el equipo de MSF en Libia está formado por 44 trabajadores libios y 30 trabajadores internacionales, que aportan atención médica, quirúrgica y de salud mental, así como suministros médicos, en las ciudades de Trípoli, Misrata, Zlintan, Yefren y Bengasi.
26.08.2011 ·
Un equipo de tres trabajadores de Médicos Sin Fronteras (MSF) está actualmente en Trípoli, aportando suministros y apoyo a unas instalaciones médicas desbordadas por la afluencia de heridos a causa de los combates en la capital libia. MSF ha enviado también equipos a Zlitan, al este de Trípoli, y a Al Zawiya, al oeste, para ayudar a atender la afluencia de heridos en los hospitales. Desde Trípoli, Jonathan Whittall, coordinador de MSF, nos explica la situación sobre el terreno.

Jonathan Whittall
¿Cuál es la situación en estos momentos?
Ahora mismo en Trípoli nos encontramos con unas instalaciones médicas que ya no daban para más incluso antes de los enfrentamientos de esta semana en la ciudad. Los hospitales carecen de personal porque gran parte de los médicos y sanitarios extranjeros que trabajaban en el sistema de salud libio han abandonado el país. También faltan suministros a causa de las sanciones impuestas por la comunidad internacional. El sistema ya tenía dificultades para atender a los heridos que llegaban de fuera de Trípoli antes de los combates dentro de la ciudad.
Durante las últimas tres semanas, el personal de los hospitales se ha dedicado casi exclusivamente a los casos urgentes y no ha podido atender otros como enfermedades crónicas, cesáreas u otros problemas médicos de la población. Sencillamente, no había disponibilidad. Si a esto se suman los enfrentamientos y los combates que han estallado esta semana en Trípoli –especialmente intensos en algunas partes de la ciudad–, el resultado es que unos hospitales bajo mínimos intentan hacer frente al flujo de heridos sin el personal y los suministros médicos necesarios.
¿Cómo valoras la situación de los hospitales que has podido visitar?
Casi todos los hospitales de la ciudad están recibiendo heridos. A algunos no se podía acceder a causa de los enfrentamientos, por lo que otros hospitales han tenido una afluencia extra de personas. Ahora que la ciudad se va calmando un poco, los hospitales están empezando a atender a los pacientes que no pudieron llegar con anterioridad. No sólo están los heridos recientes, sino también otros heridos y gente con problemas urgentes que tuvieron miedo de desplazarse por carretera en su momento.
La situación en los hospitales que he visitado desde que empezaron los enfrentamientos suele ser bastante caótica. Muchos médicos y enfermeras no pueden llegar al hospital porque viven en zonas que aún no son seguras o porque no pueden cruzar la ciudad. Hay falta de personal sanitario, pero hay mucha gente que acude como voluntaria a los hospitales para dar apoyo y ayudar en lo que pueda, lo que genera un cierto ambiente de caos.
Los hospitales en los que he estado estaban llenos de heridos de bala, tanto en urgencias como en otras salas. En un centro sanitario que visité habían habilitado varias casas vecinas para ingresar a pacientes. Por ejemplo, en la casa que entré, los pacientes estaban tumbados en el suelo o en el mobiliario que había quedado en la vivienda. Pero, debido a la falta de personal, no había nadie para atenderles y los pacientes básicamente tenían que cuidar de sí mismos. En otro centro médico los heridos esperaban en la calle a poder entrar en urgencias.
¿Hay otros impedimentos para prestar ayuda aparte de los combates?
La gran escasez de combustible en Trípoli es un grave problema. No hay gasolina para los servicios de ambulancias ni gasoil para hacer funcionar los generadores de los hospitales, que deben recurrir a ellos por los constantes cortes de suministro eléctrico. En estos momentos las reservas de combustible de los hospitales son muy limitadas.
¿Como está respondiendo a la situación MSF?
La situación médica requiere una respuesta muy rápida. Ya estamos aportando personal y suministros a los hospitales, y todavía llegarán más materiales y refuerzos para dar apoyo inmediato a las estructuras de salud de la ciudad. De momento, todavía hay combates en algunas zonas, lo que seguro que tendrá un impacto en las necesidades médicas.
Las instalaciones médicas están muy apuradas, pero en modo alguno están completamente colapsadas ni han dejado de funcionar del todo. El personal sanitario está atendiendo a los heridos, está respondiendo a las necesidades de su comunidad, pero por supuesto está afrontando retos enormes. No es una cuestión de competencias o de voluntad. Se trata de que dispongan del apoyo necesario para poder responder adecuadamente a las necesidades urgentes a las que se enfrentan.
¿Ha bajado la intensidad de los combates?
Ahora está todo más calmado. Hace tres días no habría podido hablar contigo por teléfono debido a los constantes disparos y bombardeos en el exterior. El hecho de poder hablar contigo sin tener que esconderme detrás de una pared ya es una mejora.
Pero es una situación muy volátil que evoluciona rápidamente. Sólo han pasado cuatro días y no puedo explicar los cambios que he visto en Trípoli. Ha sido tremendamente rápido el modo en que ha irrumpido la violencia en las calles y cómo está cambiando la ciudad. Tenemos que estar extremadamente atentos a la evolución de los acontecimientos en los próximos días.
En algunas zonas los combates todavía no permiten el acceso de pacientes gravemente heridos a los hospitales. Es absolutamente necesario que en los próximos días todas las personas puedan acudir a los hospitales. Tiene que permitirse a los trabajadores sanitarios el acceso a las instalaciones médicas, y éstas deben ser respetadas por todas las partes en conflicto.
Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que trabaja en Libia desde el 25 de febrero de 2011. Para asegurar la independencia de sus acciones, MSF depende únicamente de donaciones privadas para financiar sus actividades en el país y no acepta fondos de ningún gobierno, donante institucional o grupo con ninguna filiación política o militar. Actualmente el equipo de MSF en Libia está formado por 44 trabajadores libios y 30 trabajadores internacionales, que aportan atención médica, quirúrgica y de salud mental, así como suministros médicos en las ciudades de Trípoli, Misrata, Zlintan, Yefren y Bengasi.





