MÉDICOS SIN FRONTERAS

Miles de migrantes y de solicitantes de asilo se hallan actualmente varados en condiciones precarias en varias islas griegas, pese a reiterados llamamientos de MSF a las autoridades griegas y a la UE para que aborden el problema de la falta de capacidad para recibir migrantes. Un equipo de emergencias de MSF ha llegado a Lesbos, una de las dos islas griegas que han montado instalaciones de recepción, pero donde el sistema se halla al borde del colapso. MSF también sigue con sus actividades para migrantes y solicitantes de asilo que llegan a Kos y a otras islas del Dodecaneso.

 

Aproximadamente 5.000 personas, la mayoría de Siria, Afganistán e Irak, han llegado a Lesbos en los últimos días. Sin embargo, el centro de Moria solo puede acoger a unas 700 personas y está abarrotado, con pobres condiciones higiénicas y falta de comida. Miles de los recién llegados se ven forzados a acampar al aire libre, muchos de ellos en Kara Tepe: una parcela de tierra sin ningún tipo de organización y donde la gente tiene escaso o inexistente acceso a agua potable, techo, letrinas y atención médica. Pese a los esfuerzos de las autoridades para distribuir comida, las raciones son insuficientes para cubrir las necesidades de la gente.

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El coordinador de emergencias Will Turner distribuye raciones de comida en el Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

El coordinador de emergencias Will Turner distribuye raciones de comida en el Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

Hola,

Nada detiene a quien busca para sus hijos no solo pan sino también un techo seguro donde poder dormir sin temor a lo que pasará mañana. A algunos de ellos y a sus críos los estamos sacando del Mediterráneo: los hemos encontrado a bordo de barcos destartalados, de cubiertas resquebrajadas y motores gripados. Viajaban hacinados junto a otros cientos de personas, arriesgando la vida para cruzar el mar rumbo a Europa, con la esperanza de escapar de la violencia y la miseria.

Seguramente lo has visto en los medios de comunicación: en mayo, Médicos Sin Fronteras lanzó una operación de rescate en el Mediterráneo, con el fin de socorrer a personas en riesgo de naufragio y prestarles atención médica. En el momento de escribir estas líneas, nuestros barcos han rescatado a más de 1.800 personas.

Y seguramente, porque nos conoces, te preguntarás: ¿qué hace Médicos Sin Fronteras rescatando a gente en el mar? ¿Qué hace reclutando marineros, aprendiendo de esloras, de corrientes y regulaciones marítimas? La respuesta es sencilla y, precisamente porque nos conoces, no te va a extrañar. No hacemos nada diferente a lo que llevamos haciendo todos estos años con tu ayuda: asistir a las personas que sufren situaciones críticas. Lo que hacemos desde nuestros barcos no es muy diferente de lo que hacemos en nuestros hospitales de campaña: tendemos la mano al ser humano que necesita ayuda urgente, sin importarnos si la razón que les ha puesto en esa situación es una guerra, una epidemia, el hambre, o todas ellas a la vez.

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Las fronteras europeas están asistiendo al surgimiento de una crisis humanitaria donde miles de personas arriesgan su vida por alcanzar la seguridad de Europa y apenas reciben ayuda.

Bebé de tres meses después de ser rescatado por @msf_espana (Agus Morales)

Al fondo, el bote en el que viajaban un centenar de personas. En primer plano, justo cuando suben al barco de MSF © Agus Morales

Al fondo, el bote en el que viajaban un centenar de personas. En primer plano, justo cuando suben al barco de MSF © Agus Morales

Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de las vergonzosas consecuencias que pueden derivar del hecho de que los estados miembros de la Unión Europea (UE) hagan caso omiso de su deber humanitario. La organización médico-humanitaria exhorta a los líderes de la UE a repensar radicalmente sus políticas para ofrecer formas seguras y legales para las personas que buscan refugio y asilo en Europa.

Antes de la celebración de la reunión del Consejo Europeo los días 25 y 26 de junio, MSF pide a los líderes de la UE que destinen, de forma inmediata, los recursos adecuados para que Grecia e Italia puedan asegurar a estas personas una protección adecuada y unas condiciones de acogida dignas en los puntos de llegada. A su vez, los gobiernos de Italia y Grecia deben mostrar un claro compromiso de mejora de las condiciones de los migrantes y solicitantes de asilo que llegan a sus fronteras.

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“Esta es una crisis humanitaria orquestada, creada por el fracaso de la Unión Europea a la hora de poner en marcha políticas y prácticas adecuadas y humanas para hacer frente a este problema”, denuncia Aurelie Ponthieu, especialista de MSF en migraciones. “El deterioro de la situación no se debe a un número inmanejable de migrantes y refugiados sino al resultado directo de las deficiencias crónicas en las políticas de la UE en la gestión de las personas recién llegadas. Los Estados miembros emplean su tiempo en discutir sobre cierre de fronteras, construcción de muros y en lanzarse ultimátum amenazantes entre sí. Eso no va a impedir que la gente venga y, además, socava cualquier esfuerzo de colaboración para ayudar a las personas que lo requieren”.

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Dos duros testimonios de migrantes de Eritrea, que gracias a MSF y MOAS figuran entre los 100.000 que han llegado a tierra en lo que va de año.

Freweini, 38 años, proveniente de Sanaf (Eritrea) ©Julie Remy/MSF

Freweini, 38 años, proveniente de Sanaf (Eritrea) ©Julie Remy/MSF

Freweini, de Eritrea

“Mi nombre es Freweini. Tengo 38 años y vengo de Eritrea. Mi marido está muerto, pero tengo 5 niños –tres míos y dos más que cuido- y mi madre está enferma. Desde que dejé Eritrea hace dos meses todavía no he podido hablar con ellos.

Tres años atrás empecé a tener problemas. Antes de eso podía ir a donde quisiera y me apeteciera. Pero ahora apenas puedo caminar. Tengo que usar muletas y es muy doloroso.

Mi espalda necesita cirugía. Lo he intentado aquí,  pero no tienen lo que se necesita ­-a menos que pudiera encontrar 30.000 dólares.  Así que en sustitución  volví a la medicina tradicional, que usa el fuego. Pero eso no quita el dolor – todo lo que hizo fue quemar mi piel. Ahora tengo marcas por todas partes en mi cuerpo.

Debido a mis problemas en la espalda, decidí encontrar una manera de salir de Eritrea. Los comerciantes locales y otros de mi pueblo me ayudaron a recoger el dinero suficiente para costear el viaje a Jartum, y luego a Libia. Me puse por mi cuenta, caminando con mis muletas. Caminé a Jartum, y luego tomé una camioneta a Libia, desde donde abordé un barco.

Me han ayudado personas por todo el camino. Todo el mundo ha sido amable – levantándome cuando era necesario, e incluso cargando conmigo. Estoy muy agradecido a todos ellos

Cuando llegué al barco no tenía ni idea de cuánto tiempo me tomaría. Entonces tú has venido y nos has rescatado. No me importa a qué país voy de Europa. Todo lo que quiero es una cirugía en mi espalda, y ser capaz de ayudar a mis hijos. Espero que sea capaz de caminar normalmente de nuevo muy pronto”.

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Mientras Irak experimenta un dramático aumento de violencia, oleadas de personas que habían sido forzadas a abandonar sus hogares durante el último año están ahora atrapadas en “zonas grises” sin acceso a la ayuda humanitaria más básica. En grandes áreas del país, la población civil continúa pagando un enorme precio por el conflicto y la respuesta humanitaria sigue siendo insuficiente, advierte Médicos Sin Fronteras (MSF).

© Gabriella Bianchi/MSF

© Gabriella Bianchi/MSF

“Irak está experimentando su peor crisis humanitaria de las últimas décadas,” denuncia Fabio Forgione, jefe de misión de MSF en Irak. “Miles de personas, especialmente en el centro de Irak, no están recibiendo la ayuda humanitaria que necesitan con urgencia.”

En el último año, los intensos combates han llevado a casi tres millones de personas a abandonar las devastadas áreas del centro y norte de Irak, en particular, las gobernaciones de Anbar, Nínive, Saladino, Kirkuk y Diala. Miles de familias han huido de la creciente violencia y de los cambiantes frentes de batalla. Han sido desplazados muchas veces, y en el trayecto, lo han perdido todo. Muchos se quedan en refugios superpoblados -en tiendas, edificios sin terminar, templos religiosos o escuelas – donde las condiciones de vida son extremadamente malas.

Los equipos de MSF que trabajan en “zonas grises” -al norte de Mosul y en las áreas entre Bagdad y Anbar- reportan que muchos desplazados están viviendo sin acceso a instalaciones sanitarias ni agua limpia. Las infraestructuras y los centros de salud han sido dañados y están fuera de funcionamiento, y existe una creciente escasez de personal médico. Muchas personas no tienen ni siquiera acceso a servicios de salud básicos, mientras que llegar a un hospital que se encuentre en funcionamiento puede resultar extremadamente difícil en áreas en las que es inseguro desplazarse.

“A pesar de la magnitud de las necesidades de la gente, la respuesta humanitaria ha estado mayormente concentrada en áreas más seguras, como la región del Kurdistán en Irak,” advierte Forgione. “MSF es una de las pocas organizaciones internacionales trabajando en áreas del norte y centro de Irak, donde las personas que huyen del conflicto buscan refugio. A pesar de las restricciones obvias de seguridad, brindar ayuda aquí es posible, pero aun así estas áreas continúan siendo ignoradas.”

En un esfuerzo por responder a necesidades cada vez mayores, MSF ha estado expandiendo sus operaciones en el centro y norte de Irak. Los equipos médicos de MSF están gestionando clínicas móviles en las gobernaciones de Kirkuk, Saladino, Diala, Nínive y Bagdad para proporcionar atención médica a las personas que huyen de las zonas de conflicto, así como también a la población local. Los equipos brindan atención médica general, con énfasis en enfermedades no transmisibles, salud reproductiva y salud mental.

“Estamos muy alarmados por la posibilidad de que la violencia se expanda a otras ciudades densamente pobladas, lo que provocaría aún más desplazamientos”, explica Forgione. “Todos los actores en Irak deben hacer todos los esfuerzos posibles para garantizar que la población iraquí que huye de la violencia tenga acceso a la asistencia humanitaria. Nuestros equipos están haciendo todo lo posible, pero no pueden responder efectivamente a todas estas necesidades”.

 

 

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En noviembre de 2014, MSF puso en marcha un proyecto de pediatría en la región de Bafatá, en el centro de Guinea-Bissau. Con una tasa de mortalidad infantil de 116 niños por cada 1.000, Guinea-Bissau está entre los 10 países con peores indicadores de salud materno-infantil del mundo. Isabel Grovas, coordinadora médica de MSF encargada de abrir el proyecto, nos cuenta cómo han sido los inicios.

© Ramón Pereiro/MSF

© Ramón Pereiro/MSF

¿Por qué un proyecto de salud pediátrica en Guinea-Bissau?

En primer lugar, porque las cifras de la mortalidad infantil son alarmantes, y eso sin contar que muchas muertes no se contabilizan, porque muchos niños ni tan siquiera llegan a los centros de salud y mueren en sus propios hogares.

Además, el sistema de salud de Guinea-Bissau presenta grandes carencias: hay que pagar un precio elevado por los servicios de salud, muchas veces no hay medicamentos y además falta personal médico cualificado. Solo para hacernos una idea, cuando llegó el primer pediatra de MSF, solo nos constaba que hubiera otro en el país. Ahora sabemos que hay algunos más pero siguen siendo poquísimos para las necesidades. En este contexto, con un sistema sanitario muy frágil, cualquier actividad médica, de calidad y gratuita que ofrezcamos tiene un gran impacto en la salud de las madres y sus hijos.

 

¿Qué contexto sanitario os habéis encontrado en el país?

El país sufrió un golpe de estado en 2012 que empeoró notablemente la situación sanitaria de la población. Aunque ahora hay un gobierno legítimo desde mayo 2014,  han sido años difíciles en los que los centros sanitarios, que venían ya de soportar una situación muy precaria, se quedaron sin recursos. Muchos de los trabajadores de salud han estado meses sin recibir su salario lo que ha afectado a su motivación y a la atención que prestan.

A esto hay que sumar, la falta de ayuda internacional; los grandes donantes cesaron sus aportaciones económicas debido a la inestabilidad política. Y además, las malas cosechas de los dos últimos años, han obligado a la población a vender lo recolectado a precios muchos más bajos que años anteriores. Gran parte de la población dejó de tener recursos económicos suficientes y en un contexto donde se tiene que pagar por acceder a la salud, si no hay dinero, no hay salud.

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Nepal se ha visto afectado por dos terremotos en menos de tres semanas. Han causado la muerte de miles de personas, herido a decenas de miles, y han dejado a millones más ante el desafío de reconstruir sus vidas.

Habitantes de un pueblo destruido del distrito de Gorkha el 7 de mayo © Brian Sokol/Panos

Médicos sin Fronteras, que ya estaba en el terreno poco después del primer temblor, continúa trabajando para llegar y ayudar a las poblaciones afectadas. La prioridad sigue siendo alcanzar las zonas más remotas, y llegar a los pueblos más aislados en las montañas, donde no llega la ayuda.

Los equipos de MSF se movilizaron poco después del primer terremoto de magnitud 7.8 del pasado 25 de abril y comenzaron las actividades médicas y la distribución de refugios y alimentos en helicóptero a la gente que vivía en las zonas más aisladas. El pasado 12 de mayo, dichos equipos fueron capaces de responder casi inmediatamente después del segundo terremoto, de magnitud 7.3. En las aldeas remotas como Singati, Marbu, Yanglakot y Lapilang MSF ha evacuado a los pacientes en estado crítico a hospitales en Katmandú. Además, está realizando evaluaciones para reajustar su asistencia en función de las nuevas necesidades que han surgido a partir del nuevo terremoto.

“En algunas áreas se ha producido una destrucción de hasta el 90% “, advierte Dan Sermand, coordinador de MSF en Nepal. “Los hospitales y centros de salud han sido dañados por los dos terremotos, dejando a muchas personas sin acceso a la asistencia sanitaria más básica. Hasta ayer, todavía había derrumbes en curso en algunas zonas montañosas que hemos evaluado. En algunas áreas hay pueblos enteros han sido destruidos, agravando una situación que ya era penosa. Muchas personas ya habían perdido sus hogares con el primer terremoto”.

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Tras el segundo terremoto de 7,1 grados que se produjo este martes en Nepal y la constatación de que los equipos de MSF en Katmandú y en el resto de Nepal están bien, se está recabando información para poder hacer frente a las necesidades más urgentes y acceder con la mayor rapidez a las zonas donde la ayuda todavía no ha llegado. De hecho, desde los días inmediatamente posteriores al primero de los terremotos, MSF está haciendo clínicas móviles en las áreas aisladas más afectadas.

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Según las primeras informaciones, este segundo temblor ha tenido su epicentro a 80 kilómetros al este de Katmandú, en el distrito de Dolakha, un área de difícil acceso donde ya estaban trabajando los equipos de la sección holandesa de MSF, y hasta donde sólo es posible llegar en helicóptero.

Los trabajadores de MSF han escuchado que en un lugar llamado Lapu, el terremoto se ha sentido mucho más; y ya se han desplazado para evaluar la situación. En Katmandú también se ha dejado sentir mucho este último terremoto, y aunque no parece que haya más casas derrumbadas, el pánico era muy grande. Va a pasar tiempo hasta que la gente se tranquilice, la comunicación es muy complicada.

Trabajo de los equipos de MSF

Desde el pasado 29 de abril, los equipos médicos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Nepal han estado recorriendo a pie y en helicóptero las poblaciones que han quedado aisladas. Los distritos de Dhading, Gorkha, Rasuwa y Sindhupalchowk resultaron duramente golpeados el sábado 25 de abril por un terremoto de magnitud 7,8 en la escala de Richter. Desde entonces, muchas aldeas apenas han recibido ayuda.

Muchas carreteras y caminos están bloqueados por avalanchas y derrumbes provocados por el seísmo y las siguientes réplicas. Los equipos médicos de MSF emplean helicópteros para valorar las necesidades y proveer ayuda en estas aldeas aisladas. Del 29 de abril al 4 de mayo, los equipos médicos de MSF han recorrido más de 15 localidades para ofrecer atención a sus habitantes.

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El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y Médicos Sin Fronteras (MSF) muestran su profunda preocupación por los graves daños que han causado los recientes ataques de la coalición internacional sobre los aeropuertos de Saná y Hodeida. Este hecho está obstruyendo la entrega de una asistencia humanitaria que resulta imprescindible para la población yemení y también los movimientos del personal humanitario.

Edificios bombardeados en Saná © EPA/Yahya Arhab

Edificios bombardeados en Saná © EPA/Yahya Arhab

“Yemen depende casi totalmente de las importaciones de alimentos y medicamentos; especialmente para el tratamiento de enfermedades crónicas”, afirma Cedric Schweizer, quien encabeza un equipo de 250 colaboradores del CICR en Yemen. “El aeropuerto de Saná es una infraestructura civil esencial, y la principal vía para el suministro de bienes y servicios humanitarios esenciales. Las duras restricciones a las importaciones impuestas por la Coalición en las últimas seis semanas, aunadas a la extrema escasez de combustible, han hecho que la vida cotidiana de los yemeníes sea insoportable, y su sufrimiento sea inmenso”, advierte Schweizer.

El ataque a infraestructuras logísticas clave, incluyendo aeropuertos, puertos marítimos, puentes y carreteras están teniendo consecuencias alarmantes para la población civil, y la situación humanitaria se ha convertido en catastrófica. Los puestos de control de las diferentes facciones armadas obstaculizan la entrega de suministros médicos urgentes a hospitales e impiden que los pacientes y heridos accedan a la asistencia sanitaria esencial.

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Con motivo de la Semana Mundial de la Inmunización, la referente de Vacunación de Médicos Sin Fronteras (MSF), Miriam Alía, recuerda los cinco retos a los que se enfrenta la organización en lo referente al tema de las vacunas en los países donde trabaja:

 

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1. CADENA DE FRÍO: La primera dificultad es hacer llegar las vacunas en las condiciones que se necesitan para su conservación, entre 2º y 8º grados. “Todo el trasporte desde nuestros centros de aprovisionamiento en Europa hasta el país donde vamos a vacunar y de ahí al terreno, hay que hacerlo entre 2º y 8º grados; y estamos hablando de países donde en la mayor parte de los sitios no hay electricidad”.

2. GRANDES DISTANCIAS: ¿Cómo hacer llegar esas vacunas al paciente cuando se tienen problemas de acceso físico, porque no hay carreteras, y tenemos que utilizar motocicletas, canoas, barcos…; y “¿cómo hacerlo cuando la situación de seguridad es tan difícil como en los países donde trabajamos, lo que supone muchas veces atravesar zonas de conflicto?”.

3. POCO PERSONAL CUALIFICADO: La mayor parte de las vacunas son inyectables, y para esto se necesita personal que tenga formación sanitaria. En los países donde trabaja MSF, como por ejemplo Níger, tienen un personal médico por cada 10.000 personas. “Es muy difícil encontrar enfermeros y médicos. Necesitamos vacunas que sean orales, más fáciles de administrar y que podamos hacerlo con gente que encontremos en estos  contextos”.

4. CALENDARIO DE VACUNACIÓN: “Para que este calendario fuera más fácil y eficaz y proteger a todos los niños que queremos vacunar, debería ser posible vacunar a los niños con menos dosis y con vacunas combinadas, porque actualmente cada niño tiene que ir al menos cinco veces al centro de salud para que consideremos que está totalmente protegido”.

En segundo lugar, hay un problema con los viales de vacunas, porque las presentaciones son para diez dosis, y sólo se abre este vial si hay un número de niños mayor a ocho. “Puede ser que una madre ande hasta el centro de salud 10 o 12 kilómetros y su niño no sea vacunado porque no hay suficiente número de niños”.

Por último los calendarios vacunales son muy estrictos en cuanto a la edad. “Se vacuna a niños hasta el año y si un niño llega con 13 meses y le falta alguna vacuna, ya se considera que no es nuestra población objetivo. Por tanto, si estas mismas vacunas se extendieran hasta los dos o tres años, conseguiríamos vacunar  completamente a los niños”.

5. PRECIOS DESORBITADOS: En los últimos años se ha logrado aumentar el número de vacunas de 6 a 12, pero el precio ha aumentado 68 veces, y esto se debe sobre todo a la inclusión de la vacuna del neumococo. Se trata de una vacuna muy cara. “Ahora mismo estamos pagando 7 dólares por cada dosis y son tres dosis para proteger al niño. Desde MSF le hemos pedido a los laboratorios que fabrican esta vacuna, Pfizer y GlaxoSmithKline (GSK), que necesitamos una vacuna que proteja al niño por 5 dólares”. Las tres dosis por 5 dólares que es lo que MSF considera que sería accesible tanto para los Estados como para MSF como organización médica.