MÉDICOS SIN FRONTERAS

El personal sanitario también se encuentra bajo el fuego

Niño con graves quemaduras provocadas por un misil que cayó sobre su casa. Hospital de Shifa, Gaza. © Samantha Maurin / MSF

Desde que empezara la ‘Operación Margen Protector’ en la Franja de Gaza, la mayoría de muertos y heridos en Gaza son civiles. El personal sanitario también se encuentra bajo el fuego, ha afirmado hoy la organización internacional médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF).

Tras los fuertes bombardeos de la noche del sábado y del domingo por la mañana en el barrio de Ash Shuja’iyeh de la ciudad de Gaza, la mayoría de los heridos que llegaron a la sala de operaciones del el hospital de Al Shifa, donde trabaja MSF, eran mujeres y niños. El personal de MSF ha sido testigo de la huida de cientos de personas de la zona. MSF pide a Israel un cese inmediato de los bombardeos a los civiles atrapados en la Franja de Gaza y que garantice la seguridad del personal sanitario y las estructuras de salud.

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Tras las cinco horas del alto al fuego humanitario en Gaza se empezaron a oír explosiones de nuevo en la ciudad, donde MSF tiene una clínica de cuidados post-operatorios

Clínica de cuidados postoperatorios en la ciudad de Gaza. Febrero de 2014. © Chris Huby

 

Un equipo médico de la unidad de emergencias de MSF ha entrado en Gaza para prestar apoyo al personal del Ministerio de Salud Palestino en el hospital de Al Shifa, donde ingresan la mayoría de heridos.  Al Shifa es el hospital más grande de Gaza, con unas 250 camas y 8 quirófanos. El equipo quirúrgico hace turnos de 24 horas.

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Ayer, 9 de julio, se cumplieron tres años de la proclamación de independencia de Sudán del Sur, el país más joven del mundo, que está sumido desde el pasado diciembre en un conflicto interno que ha provocado que más de 1,4 millones de personas hayan tenido que dejar sus hogares.

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Durante este tiempo, al menos 58 personas han sido asesinadas en los hospitales y los centros hospitalarios apoyados por MSF, que han sido saqueados o quemados en al menos seis ocasiones, según los datos recogidos por MSF en su informe ‘Violencia contra la salud en el conflicto en Sudán del Sur’. El daño va mucho más allá de los actos de violencia en sí mismos y tiene como consecuencia que la atención médica se ve interrumpida justo en el momento en el que la población la necesita de forma desesperada.

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República Centroafricana (RCA), un país castigado desde hace décadas, se encuentra en una situación de caída libre desde hace poco más de un año al vivir una  demoledora crisis política, cuyas gravísimas consecuencias para la población se están traduciendo en desplazamientos masivos, exilio y violencia extrema entre otros.

Visita la web RCA, el país perdido. Texto, Lali Cambra. Fotos y Vídeo: Juan Carlos Tomasi.

Con solo 4,5 millones de habitantes, es uno de los países más pobres del mundo con una esperanza de vida que ronda los 51 años,  y unos indicadores de salud muy bajos: solo hay un médico por cada 55.000 personas,  o una  comadrona para cada 7.000 mujeres. De cada 1.000 niños nacidos, unos 130 no llegarán a cumplir los 5 años siendo víctimas de la malaria, la meningitis o la desnutrición.

Desde su independencia en 1960, RCA ha vivido con frecuencia periodos político-militares convulsos, con un golpe de Estado, aproximadamente, cada diez años

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El brote de Ébola sigue propagándose en Guinea, Sierra Leona y Liberia. La organización médica internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta que para poner la epidemia bajo control se requiere un despliegue masivo de recursos por parte de los gobiernos de África Occidental y de las organizaciones de ayuda. MSF advierte, además, que sus equipos han llegado al límite de su capacidad de respuesta.

Un equipo de MSF entra en la zona de aislamiento de uno de los centros en Guinea

Enfermos de Ébola han sido identificados en más de 60 lugares diferentes en los tres países, lo que complica los esfuerzos para tratar a los pacientes y frenar el brote. “La epidemia está fuera de control”, explica el doctor Bart Janssens, director de Operaciones de MSF. “Con la aparición de nuevas localizaciones afectadas en Guinea, Sierra Leona y Liberia, existe un riesgo real de que se propague a otras áreas”.

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MSF ha estado prestando asistencia sanitaria a los refugiados sursudaneses en Etiopía desde enero. Los equipos tratan a los refugiados a su llegada a los centros de tránsito y en el campo de Lietchuor. La organización ha instalado un hospital de 85 camas y un centro de salud en Lietchuor, así como un hospital de 75 camas en Itang. Antoine Foucher, Jefe de Misión de MSF en Etiopía, describe la urgencia de la situación de los refugiados.

Clínica móvil en el campo de Burubiey © Aloys Vimard / MSF

¿Todavía existe un flujo de refugiados sursudaneses hacia Etiopía?

Desde que estallara el conflicto en Sudán del Sur en diciembre, ha estado llegando a la región etíope de Gambella un promedio de 1.000 personas diarias. Sin embargo, ese promedio refleja sólo parcialmente la afluencia masiva de entre 10.000 y 15.000 personas diarias, como ocurrió tras batalla de Nasir en el estado de Jonglei, por poner un ejemplo. Hoy hay más de 130.000 refugiados sursudaneses en Etiopía. Según una estimación del ACNUR, dicho número podría alcanzar los 350.000 a final año.

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Abdulbaset Alzamar es un enfermero yemení que trabaja con pacientes VIH positivos. Habla de su experiencia proporcionando tratamiento antirretroviral (ARV) vital a pacientes mientras los disturbios hacían estragos en la capital, Sana’a.

Sana’a, Yemen. © Anna Surinyach/MSF

“A finales de 2010 y principios de 2011 la situación en mi país empezó a deteriorarse. Primero se produjeron manifestaciones y protestas en la capital, Sana’a; luego estallaron violentos enfrentamientos por todo el país.

En aquel momento trabajaba para MSF y el Ministerio de Sanidad en la clínica de VIH del hospital de Al-Gumhuri, la única estructura de salud en Sana’a que proporciona tratamiento antirretroviral vital a pacientes que padecen el virus.

Teníamos muy claro que debíamos estar preparados para lo peor. Con más de 350 pacientes recibiendo tratamiento ARV en nuestra estructura, teníamos que ingeniarnos un plan que nos permitiese seguir administrando medicamentos a los pacientes si estallaba el conflicto.

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Mujeres refugiadas y sin recursos, madres que han tenido que abandonar sus hogares a causa de la guerra y que lo han perdido todo. Pacientes y miembros del equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Peshawar y Hangu hablan del desafío que supone el dar a luz en Pakistán, país que cuenta con una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo.

La doctora Nageen Naseer examina a un recién nacido © MSF

“Soy ginecólogo en el hospital de mujeres que ha construido MSF en Peshawar. Estamos especializados en atención obstétrica de urgencias y ofrecemos a las mujeres más vulnerables un lugar seguro en el que dar a luz a su bebé”, dice el Dr. Kanako. El Hospital de Mujeres abrió sus puertas en 2011 en esta ciudad de 3 millones de habitantes, capital de la provincia de Jaiber Pastunjuá. “La región no es precisamente un desierto en lo que a médicos se refiere. Y sin embargo, aunque se supone que clínicas, hospitales, farmacias y profesionales deben cubrir las necesidades médicas de toda la población, el día a día nos demuestra una realidad bien diferente, ya que son muchas las mujeres que carecen de asistencia materna”, explica Kanako.

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Maria Simón ha sido testigo de la degradación del conflicto que asuela República Centroafricana desde hace más de un año. Ha coordinado las operaciones de Médicos Sin Fronteras en Kabo (en el norte del país) en los últimos siete meses, y confiesa que ha sido un puesto difícil. Mucho más que el anterior, que la llevó a República Democrática del Congo. Lo que ya dice mucho.

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¿Cómo has vivido este tiempo, con muy diferentes períodos entre sí y muy marcados?

Cuando llegué en octubre, ya había habido ataques de las milicias anti-Balaka contra la coalición de los Séléka, entonces en el poder. Pero se empezaba a percibir la tensión, la incertidumbre de lo venidero. Piensa que cualquier cosa que pasa en Bangui tiene eco en todo el país. En novembre, la tensión entre cristianos y musulmanes se acrecentaba y en diciembre estalló. El cambio de gobierno, la ofensiva de los anti-Balaka y la retirada de Séléka hizo que parte de las milicias que la formaban se constituyeran en grupos incontrolados, muy peligrosos. Y, al mismo tiempo, éramos testigos de los centenares y centenares y centenares de camiones llenos de gente, de musulmanes, que se encaminaban al exilio en Chad en busca de un refugio, para salvar sus vidas. Horrible.

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Entrevista a Alfonso Armada, periodista y profesor de reporteros en ABC, por Fernando Calero y Guillermo Algar, del servicio de Información de MSF.

Alfonso Armada. © Tamara Marban

 

Alfonso Armada, periodista, poeta y dramaturgo, cubrió el cerco de Sarajevo, el genocidio de Ruanda y recopiló historias en Zaire, Liberia, Sudán o Somalia para El País. Fue corresponsal de ABC en Nueva York, reconoce que lo que mejor hace es leer y reivindica la capacidad de escuchar.

Se cumplen ahora 20 años del genocidio de Ruanda ¿Hubo alguna posibilidad de detenerlo?

Los informes que envió Dallaire [comandante de los cascos azules] a Nueva York y a Kofi Annan, que era el jefe de las Misiones de Paz de la ONU, antes de que se desencadenara el genocidio eran inequívocamente precisos de que se estaba preparando una matanza a gran escala.

No sé si se podía haber impedido, aunque una intervención decidida quizás hubiera reducido el impacto. De hecho, solo se reaccionó de forma masiva cuando se produjo el éxodo masivo de refugiados a Burundi, Tanzania y, sobre todo, a República Democrática del Congo y se crearon aquellas ciudades instantáneas con cientos de miles de refugiados y una epidemia de cólera empezó a matar gente. Hubo una reacción cuando ya era muy tarde.

Estos días has recuperado historias como la de la masacre de la iglesia de Gikoro, donde una chica pedía ayuda a unos soldados de Naciones Unidas que ignoraban su llamamiento ¿Fue esa muchacha un símbolo de lo que le sucedió a todo un país?

Es una especie de expiación personal. Me han preguntado ¿y por qué no hiciste nada? Pues no lo sé: por miedo, por cobardía, porque dependía de los soldados para moverme, porque ya el camino de Kigali hasta allí había sido pavoroso…

El horror de algo así, en aquella cosa tan difícil de asumir y de contemplar… era un rasgo extra de humanidad, estaba pidiendo además un auxilio concreto aunque fuera en silencio. Y nadie se lo prestó, yo el primero.

Supongo que, de alguna manera, simboliza eso.

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