MÉDICOS SIN FRONTERAS

El pasado viernes 3 de febrero los jefes de Estado de la UE se reunieron en Malta bajo el marco de una cumbre sobre gestión migratoria. Ese mismo día, Libia e Italia firmaban un acuerdo para bloquear la ruta de migrantes hasta la costa europea a través del Mediterráneo. Desde Médicos Sin Fronteras denunciamos, una vez más, el enfoque inhumano de las políticas europeas.

Mientras los líderes de la UE celebraban un encuentro para discutir sobre la gestión de la migración y el cierre de la ruta de Libia a Italia a través de la intensificación de la cooperación con las autoridades libias, los derechos humanos de miles de personas estaban siendo vulnerados por completo. Lo son cada día.

Desde julio de 2016, los trabajadores de MSF ofrecen atención médica a migrantes, refugiados y solicitantes de asilo detenidos en Trípoli y sus cercanías. Estas personas son detenidas arbitrariamente en condiciones inhumanas e insalubres, a menudo sin suficiente comida ni agua potable y con una manifiesta falta de acceso a la atención médica. Es por ello que, cerrar la ruta a Italia y retener a la gente en Libia es una burla a la dignidad humana. Las personas allí atrapadas sufren violencia, abusos y viven en condiciones inhumanas.

©MSF

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El pasado viernes, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que veta la llegada de refugiados a EE. UU. Este decreto supone el cierre de puertas a inmigrantes procedentes de Siria, Irán, Sudán, Libia, Somalia, Yemen e Irak durante 90 días, y de refugiados de todo el mundo. Desde MSF pedimos la reanudación de la acogida de refugiados por parte del Gobierno estadounidense.

“Cerrar las puertas a los Estados Unidos, que ha examinado estrictamente las solicitudes de los refugiados durante años, constituye un ataque a una noción básica aceptada como es que las personas deben poder huir para poner a salvo sus vidas”, explica Jason Cone, director de MSF en EE. UU.

Familia de Alepo (Siria), en Grecia, cerca de la frontera con Macedonia. © Rorandelli Rocco / Terraproject

Este decreto conlleva fatales consecuencias para los millones de refugiados que han tenido que huir de sus casas, de países en situaciones de guerra y conflicto continuos. Siria, Irak, Afganistán, Yemen, Sudán del Sur o la República Democrática del Congo son solo algunos de los países afectados. La firma de esta orden significa poner en riesgo directo la vida de estas personas que van a quedar atrapadas en zonas de guerra.

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Llegaron a Europa en busca de refugio y protección, pero se han encontrado con el rechazo de las políticas de la UE y unas pésimas condiciones de vida.
Hacinados y soportando temperaturas de alrededor de 20 grados bajo cero, miles de refugiados están atrapados en Grecia y los Balcanes, donde sobreviven solo con sus propios medios.

Actualmente, más de 8.000 personas están varadas en Serbia en asentamientos improvisados. Y 1.700 jóvenes duermen en edificios abandonados en lo que su única estufa son hogueras en las que prenden plásticos. A pesar de que el país acordó con la UE albergar hasta a 6.000 personas, solo 3.140 viven en instalaciones adaptadas para el invierno.
Andrea Contenta, asesor de Asuntos Humanitarios de MSF en Serbia, cuenta las malas consecuencias de esta situación, que hasta ahora cuenta ya con tres muertes por congelación.

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A las 2:08 de la madrugada del sábado 3 de octubre de 2015, un avión AC-130 del Ejército estadounidense disparaba 211 proyectiles sobre el edificio principal del hospital de traumatología de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Kunduz, Afganistán. Un ataque que terminaba con la vida de 42 personas (24 pacientes, 14 trabajadores humanitarios de MSF y 4 cuidadores) y hería a 37 personas. Todo ello a pesar de que la instalación, un hospital en pleno funcionamiento en el momento del ataque, estaba, como tal, protegida por el Derecho Internacional Humanitario.

Miembro de MSF entre las ruinas del hospital de traumatología de Kunduz, tras el bombardeo del 3 de octubre de 2015. © MSF

Desde 2011, en este centro se proporcionaba atención quirúrgica, gratuita y de calidad, a pacientes con heridas de guerra y a víctimas de traumatismos como consecuencia, por ejemplo, de accidentes de tráfico. De hecho, era la única instalación de este tipo en toda la región noreste de Afganistán y facilitaba servicios tanto a los residentes de Kunduz como de las provincias limítrofes.

Sin embargo, fue bombardeado en 2015, con consecuencias devastadoras para las víctimas, sus familias, los equipos de MSF y toda la comunidad de de Kunduz. Desde entonces, la investigación de Estados Unidos y los contactos mantenidos con las autoridades estadounidenses han permitido a MSF profundizar en lo sucedido esa noche del 3 de octubre de 2015. Esto incluye saber que las tropas sobre el terreno asumieron falsamente que “todos los civiles habían abandonado la ciudad y que sólo permanecían en Kunduz los talibanes” y no tomaron las precauciones necesarias para evitar bajas de civiles.

Testimonio de todo lo ocurrido en ese momento nos da Faizula, Responsable de Admisión y Gestión de Pacientes en el hospital.

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Hoy, el hospital permanece cerrado y miles de personas carecen de acceso a servicios médicos vitales. Mientras Médicos Sin Fronteras continúa pidiendo garantías a todas las partes del conflicto para que el personal y los pacientes de este hospital estén seguros, antes de considerar su reapertura. Y es que los ataques a instalaciones humanitarias continúan: desde el ataque al hospital de Kunduz, instalaciones médicas de MSF o apoyadas por la organización médico-humanitaria han sido víctimas de al menos 75 ataques. Sólo en 2016, 21 hospitales apoyados por MSF han sufrido 36 ataques en Siria y Yemen.

Una mesa redonda para saber más

Para recordar todo lo ocurrido y denunciar los ataques indiscriminados a hospitales e instalaciones civiles, el próximo jueves 13 de octubre, a las 19 horas, La Casa Encendida de Madrid acoge la mesa redonda “Ataques a la Misión Médica” (la entrada es libre, hasta completar aforo). En el auditorio habrá una proyección de unos diez minutos, sobre este tipo de ataques, y una mesa redonda en la que participarán: José Antonio Bastos, ex Presidente MSF España; Muskilda Zancada, ex Jefa de Misión en Siria, MSF España; Carlos Francisco, Jefe de Misión en Siria, MSF España (conexión en directo); y César Pérez Herrero, gestor de actividades médicas en Tierra Caliente (México), MSF España.

Moderado por Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial, en este coloquio se hablará del momento actual en el que los ataques a la misión médica parecen haberse convertido en una consecuencia inevitable de la guerra. Un momento en el que es necesaria una adaptación del sector para llegar y atender a las poblaciones más vulnerables.

 


Los bombardeos en Siria continúan día tras día, sin respetar ni a la población civil, ni a los trabajadores humanitarios, ni los centros de salud, ni las infraestructuras básicas. Un ejemplo de ello fue el ataque a un convoy de la ONU y de la Media Luna Roja, a principios de la semana pasada. Hecho que condena enérgicamente Médicos Sin Fronteras, pues supone un ejemplo más del incumplimiento continuo de las reglas básicas de la guerra en el conflicto sirio.

Un conflicto en el que hospitales como el de Al Daqaq funcionan con muchas dificultades por los daños sufridos. Sobre cómo es el trabajo allí, a pesar de las bombas, habla en este vídeo el director médico Ali Abu al Yaman. 

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Por todo esto y todo lo ocurrido, desde MSF se reclama a las grandes potencias internacionales que intervienen aquí que asuman su responsabilidad y den pasos más concretos para poner fin a todos los ataques contra instalaciones civiles, incluidos centros médicos y convoyes de ayuda humanitaria.

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El pasado mes de agosto Médicos Sin Fronteras decidía retirar a su personal de seis hospitales del norte de Yemen, debido a la falta de garantías ante los bombardeos indiscriminados que se están viviendo. Precisamente uno de ellos, el producido en Abs, acabó con la muerte de 19 personas, entre pacientes y personal del centro. Algo que explica en este vídeo Raquel Ayora (Directora de Operaciones de MSF), que también habla de la esperanza de que la evacuación no sea definitiva y de que los hospitales sigan abiertos y funcionando, aunque no puedan ofrecer la misma asistencia médica.

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Yemen: “La asistencia médica es una víctima más”

De su experiencia en el país nos habla Crystal van Leeuwen, enfermera en Canadá que acaba de regresar de Yemen tras coordinar allí las actividades médicas de Médicos Sin Fronteras (MSF) durante siete meses. Como integrante de nuestro equipo de emergencia, ha trabajado con nosotros en países como Siria, Sudán del Sur, República Democrática del Congo y Nigeria, así como durante la respuesta al brote de Ébola en África occidental.

Cuando aterricé en Saná, la capital yemení, los lados de la pista estaban cubiertos por aviones destruidos, tanto grandes como pequeños. Era claramente un país afectado por la guerra. Durante el trayecto de siete horas hasta Taiz, pasamos delante de viejas casas de piedra construidas en las laderas de las montañas. En los pueblos pequeños, la vida campestre transcurría de forma aparentemente normal y deseé estar visitando Yemen como turista.

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Tras el desplazamiento del frente de batalla y la ofensiva de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) en Menbij, el número de civiles que huyen de sus localidades hacia el área que circunda el río Eufrates ha aumentado.

Tanto los desplazados internos como las comunidades de acogida necesitan ayuda humanitaria urgente. Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que la pésima situación, sumada al colapso total del sistema de salud, hace temer un nuevo aumento de las enfermedades infantiles prevenibles en el país.

“No hay médicos y no tenemos comida. Aquí no podemos movernos con libertad. Todos tenemos miedo. Sueño con regresar a mi pueblo y vivir seguro con mi familia. Una vez que regrese a mi hogar, nunca me iré de allí, pero por desgracia eso solo puede ocurrir cuando no seamos atacados una y otra vez como sucede ahora”, afirma un desplazado de 51 años procedente del noreste de Abu Qalqal.

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Entrevista a Côme Niyomgabo, coordinador general de MSF en Mali, sobre la situación humanitaria en el norte del país tras un recrudecimiento de la violencia.

¿Cuál es la situación actual en el norte de Mali?

El norte de Mali sufre una grave crisis desde 2012. A pesar de que en su origen se vinculaba a reivindicaciones fundamentalmente independentistas, desde hace unos años asistimos a una evolución que asume diferentes formas: a las reivindicaciones independentistas se suman también otras de carácter religioso, la lucha por el control de las rutas de contrabando y la instrumentalización de las comunidades en un contexto de criminalidad y escasez de recursos.

Un año después de su firma, el acuerdo de paz de Argel no ha supuesto ningún avance significativo, y los pocos resultados obtenidos pueden verse malogrados por la reanudación de los combates entre los diferentes grupos. El 21 de julio de 2016 se reanudaron los enfrentamientos violentos en la región de Kidal, situada en el extremo norte del país, provocando más de 50 muertos y 82 heridos. Una semana antes de los enfrentamientos, se habían producido manifestaciones en Gao que acabaron en disturbios que se saldaron con varias muertes y una treintena de heridos. Esta evolución refleja en parte la exasperación de la población, que no ve ninguna mejora real en su vida cotidiana a pesar de los acuerdos de paz.

Por otro lado, los actos de delincuencia contra las organizaciones humanitarias continúan.

Esto dificulta seriamente el despliegue de la ayuda humanitaria, pues los enfrentamientos entre los grupos armados, unidos a una alta criminalidad, complican y limitan el acceso de los trabajadores humanitarios a la población.

Ansongo, Mali.

Ansongo, Mali.

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Desde que el año pasado Médicos Sin Fronteras (MSF) puso en marcha las operaciones de búsqueda y rescate en el Mediterráneo, sus equipos han rescatado a más de 25.000 personas de embarcaciones en peligro. Independientemente de su país de origen o de sus razones para tratar de llegar a las costas europeas, casi todas las personas rescatadas en el mar habían pasado por Libia.

“Libia es un lugar muy peligroso. Hay muchas personas armadas. Los asesinatos y los secuestros son algo frecuente. Al llegar a Trípoli, nos encerraron en una casa con unas 600 ó 700 personas. No teníamos agua para lavarnos, la comida era escasa y nos obligaron a dormir los unos sobre los otros. Fue muy duro para mi hija, enfermó varias veces. Había mucha violencia. Me golpeaban con las manos, con palos y con pistolas. Si te mueves, te golpean. Si hablas, te golpean. Pasamos meses así, siendo golpeados todos los días”. Mujer de 26 años procedente de Eritrea y rescatada del mar en agosto de 2015.

Cientos de entrevistas a las personas rescatadas en el mar por MSF durante 2015 y 2016 han puesto de manifiesto el alarmante nivel de violencia y explotación que sufren los refugiados, solicitantes de asilo y migrantes en Libia. Muchos de los rescatados relatan haber experimentado en el país la violencia en primera persona, mientras que prácticamente todos los informes dan testimonio de violencia extrema contra los refugiados y los migrantes, incluyendo palizas, violencia sexual y asesinatos.

Ricardo Garcia Vilanova

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La nueva política migratoria de Hungría permite devolver en caliente a todas aquellas personas que sean detenidas a menos de 8 kilómetros de la frontera con Serbia. Un alto porcentaje de los casos de violencia atendidos por MSF habrían sido provocados por las autoridades húngaras.

El 9 de marzo de 2016, los líderes europeos anunciaron que la llamada “ruta de los Balcanes” se clausuraba, después de que Croacia, Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM) y Eslovenia cerraran por completo sus fronteras a quienes intentaban pasar a través de esos países para buscar asilo en el norte de Europa. Para miles de personas que huyen de la violencia, esta ruta representaba una de las pocas vías para alcanzar la seguridad y la protección que en teoría debería ofrecerles Europa. Los médicos y psicólogos de Médicos Sin Fronteras (MSF) que continúan trabajando en estos países han podido constatar el aumento de la violencia contra los refugiados desde que se “cerrara” la ruta.

Muchos líderes europeos afirman que el problema de la ruta de los Balcanes se ha resuelto tras el cierre de fronteras, pero la dramática situación humanitaria en la región está aún lejos de haber terminado. Hoy en día, cientos de personas vulnerables siguen varadas en Serbia, ARYM y Bulgaria tratando de llegar a sus destinos finales a través de rutas peligrosas que controlan contrabandistas, o atascados en zonas de tránsito entre las fronteras de Serbia, Hungría y Macedonia.

Christophe Hebting / MSF

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